sábado, 21 de agosto de 2010

"CARABELLE"

Siempre hay que intentar cumplir los sueños. Existe la posibilidad de que te decepcionen, pero en ese caso la única conclusión objetiva es que sigues libre para generar otros sueños.

lunes, 14 de junio de 2010

AMOR VERSUS DEPENDENCIA


30 de Agosto de 1997
Mediodía en la terraza de una cafetería en el barrio de Pigalle en París. Jorge y Diana están tomando café. Diana lleva un aparatoso vendaje en la cara que le tapa la nariz. Su voz suena gangosa, nasal. La conversación se ve interrumpida de vez en cuando por la sirena de coches de policía que pasan. A nadie le extraña, Pigalle es un barrio peligroso.

J: ¿Por qué no te tomas un croissant con el café? No has comido nada. Estás muy delgada. Tienes que cuidarte.
D: De verdad que no puedo masticar nada, se me resienten todos los huesos de la cara. Bastante esfuerzo me ha costado tragarme la crema Parmentier.- (Observa la mirada de su amigo. Está claro que siente lástima por ella.) - ¿Tengo un aspecto horroroso, no? - ( y continúa ante la negativa que Jorge va a expresar) – No me mientas, que ya sabes que siempre te lo noto.
J: No es que estés horrorosa, es que cuesta trabajo reconocerte. La inflamación te desfigura hasta la expresión de la mirada.
D: No te preocupes, pasará pronto. Me han dicho que en cuatro días ya me podré quitar el vendaje.
J: ¿Y los puntos? ¿Te los quitarán en Huesca o tendrás que volver?
D: No es necesario quitarlos. De todos modos llevo una carta con instrucciones para el otorrino.
E: ¿Cómo quedarás?
D: El cirujano me ha asegurado que bien, que como siempre he sido chata un poco más no se notará apenas.
J: ¡Menos mal! No estaba seguro de poder acostumbrarme a verte con pinta de boxeador.
(Ambos se ríen. Diana se duele y esto les hace más gracia todavía. Siguen riéndose, casi histéricamente, seguramente es una forma de desahogar la tensión que han acumulado. Por fin se calman.)
D: Gracias por haber venido a buscarme. No me apetecía nada volver a casa sola y con este aspecto.
J: Hubiera tenido que venir antes para evitar todo esto. (Señala el vendaje) - Te lo juro, voy a matar a ese tío.
D: Olvídalo, no ha sido culpa suya.
J: ¿No me negarás que te ha pegado?
D: No, Jorge, fue un empujón con mala suerte. Ni siquiera sabe que estoy así. Él sólo quería apartarme para irse, en realidad quien le estaba pegando era yo. Lo golpeaba con los puños mientras le suplicaba que no me dejara...
J: No me lo creo, Di. Tú no has pegado a nadie en tu vida.
D: No sabía lo que hacía, estaba fuera de mí. Me dijo que había llegado la hora de separarnos definitivamente, que cada uno debía empezar a vivir su propia vida, y yo no podía soportar la idea de quedarme sola otra vez.
J: ¿Tan enamorada estabas?
D: No era amor, sino dependencia. Jean Louis siempre me lo decía, pero yo no quería admitirlo. Sólo quería estar con él, a toda costa, como fuera, a su lado... que alguien se ocupara de mí. (Hace verdaderos esfuerzos para evitar las lágrimas que está a punto de derramar) - ¡Uf! Me han dicho que no llore. Llevo las fosas nasales totalmente taponadas y sería muy perjudicial.
J: Pues no llores, ya vale de tristezas. De todos modos creo que hace mucho tiempo que no hablamos tú y yo.
D: No se si es el mejor momento, no me gusta como suena mi voz.
J: Te queda graciosa, como de un chiste de Arévalo. Faltan más de dos horas para coger el avión, cuéntame lo que te apetezca.
(Fragmento perteneciente a "Juegos Fatuos", obra de teatro con aires de telenovela)

martes, 18 de mayo de 2010

LA INTELIGENCIA DE LOS NÍSPEROS


Emérita hacía cola en la sección de verdulería del supermercado para pesar y tasar una bolsa de nísperos. Delante de ella una mujer, a la que recordaba del colegio aunque había olvidado su nombre, daba pacientes instrucciones a su hijo síndrome de down ya adulto. Emérita no podía evitar escuchar la conversación:
- ... es la tecla 61, ¿la ves? .. - mientras señalaba su compra en el cartel multicolor que colgaba sobre la máquina con las frutas, las verduras, y sus correspondientes números identificadores del producto- ... 6 y 1. Y luego coges la etiqueta con la otra mano para que no se te pegue en el guante ...
Emérita perpleja recordaba las veces que la etiqueta adhesiva con el precio se le había pegado en el guante higiénico sin que ella, tantas veces calificada como persona inteligente, se hubiera acordado de que tenía otra mano. Las conclusiones eran tan evidentes que ni siquiera las analizaba.
El hijo ya había pesado su bolsa e instintivamente alargaba la mano derecha para recoger la etiqueta. La madre detuvo su gesto e insistió con tono cariñoso defraudado de " y otra vez te lo tengo que decir "
- Con la otra mano, ¿no ves que si no se te pega al guante? - y un comentario anónimo en voz alta - quiere ayudar y ...
Emérita sonriente se apoyó en el antebrazo de la madre que ahora sí la miraba y detuvo su excusa:
- A mi se me ha pegado la etiqueta muchas veces.
Ya en soledad, Emérita, entretenida en los muchos pensamientos que la escena generaba en su mente, encontró el pequeño dibujito de los nísperos en el cartel y alzó un dedo pulsando estúpidamente el cuadrado a su lado con el número impreso de la referencia. Ojeada de rubor a ambos lados y buscó la maldita tecla en la máquina aliviada de que la intimidad de su gesto le permitiera reírse de la anécdota sin sentir la humillación de la vergüenza.
¿Quién se atreve a determinar la inteligencia?
Por lo menos esta vez se acordó de retirar la etiqueta adhesiva con la otra mano.

lunes, 19 de abril de 2010

SIMBIOSIS


Érase una vez un artista plástico que perdió su musa. Siempre había sido muy prolífico por lo que, a sus casi cincuenta años, numerosas y variadas obras había pintado, modelado o esculpido. Sin embargo, y como de repente, se acabó. Sus lienzos quedaban en blanco, la arcilla se secaba sobre el torno y el mármol acumulaba polvo en un rincón.
Como no soportaba la inactividad, la angustia de creer agotada su creatividad, una noche de sobredosis el desesperado artista se suicidó .
Su alma ascendió al cielo meciéndose delicadamente, como una pluma desafiando la ley de la gravedad. Una estrella, que se precipitaba desde el firmamento extinguiéndose como cualquier otra estrella fugaz, se cruzó en su camino en una mezcla singular, que recargó de energía estelar el alma del malogrado artista.
El problema era que, este nuevo ser, proyectaba demasiada luz y en sí mismo no tenía sombra.
Nunca salía de noche y de día vagaba por parajes solitarios evitando a la gente, y si alguna vez alguien se cruzaba en su camino, procuraba siempre situarse a contraluz, que su inhumano brillo se confundiera con el del sol.
Una mañana de primavera temprana, caminaba por la orilla de un río cuando de pronto una voz llorosa como la de un niño le dijo:
- Ten cuidado que me vas a pisar, ¿Es que no me ves?
El artista miró por todas partes, pero aparte de guijarros y alguna flor silvestre no veía a nadie que pudiera haber hablado. Sin embargo el lloriqueo continuaba siendo perceptible, así que contestó a la voz.
- La verdad es que no te veo.
- Porque soy una sombra.
El artista seguía mirando alrededor, esperando ver de una vez al dueño de esa voz.
- Pero aunque seas una sombra, debería de verte.
- Bueno, es que estoy en el sur, ¿Has visto alguna vez una sombra que se proyecte hacia el sur?
- No - contestó el artista sin pensarlo mucho. Ahora que tantos problemas tenía por su exceso de luz, le costaba recordar las reglas ópticas de las sombras - ¿Qué puedo hacer para verte?
La sombra dubitativa tardó mucho tiempo en responder.
- Sitúate bajo ese árbol y me verás.
El artista se apresuró a obedecerla. Desde su nuevo emplazamiento, pudo distinguir sin ningún problema la silueta de una chica muy joven, no tendría más de dieciséis o diecisiete años. Estaba sentada a la orilla del agua, su melena ondeaba al viento. Su desnudez evocaba un traje de una época unos cuantos siglos atrás.
- ¿Por qué lloras tanto, mujer? - preguntó el artista, arrodillándose a su lado, intentando consolarla.
- ¿Te parece poco? - contestó la joven indignada - no soy más que una sombra sin dueño. Llevo años aquí, sola, sin atreverme a cruzar el río.
- ¿Cómo te llamas?- el artista interrumpió con su pregunta el nuevo arrebato de llanto de la joven - cuéntame que haces aquí.
La sombra enjugó sus lágrimas con un delicado y ridículamente pequeño pañuelo de encaje imaginario que apretaba en una mano.
- Me llamo Ofelia. Una mañana mi ama salió de casa muy temprano. Yo no me levanté para acompañarla porque hacía mucho frío. Además todavía no había salido el sol, no era necesaria mi presencia. - La sombra seguía excusando su pereza, pero el remordimiento era mayor.- Nunca debí dejarla sola. Más tarde salí a buscarla, y sus huellas me trajeron hasta aquí, pero llevo años esperando, y sin saber que hacer. No puedo seguir adelante, - añadió señalando el río y volvió a llorar - porque no sé nadar.
El artista, atónito, no daba crédito a lo que estaba escuchando. Había identificado inmediatamente el personaje de Schakespeare, pero no podía creerlo. Nunca, ni en su época más surrealista, hubiera podido imaginar que los personajes creados por los artistas tuvieran vida real, pero, ¡qué estaba pensando!, nunca hubiera podido imaginar que las sombras tuvieran vida en sí mismas, y sin embargo tenía delante a la sombra, con personalidad propia, de un personaje de ficción.
Muchas ideas se apresuraron en la mente del artista. Pensó por un momento engañarla, pero decidió que la verdad siempre sería lo mejor. Le contó a la joven lo que recordaba de la vieja historia, que el desamor había llevado a su ama a morir ahogada, que ya no volvería.
La joven escuchó en silencio todo el relato, y, en contra de lo que pudiera parecer, esto la tranquilizó. Ya no tendría que esperar más, por fin sabía lo que había pasado.
- ¿Qué debo hacer ahora?- preguntó directamente al artista mirándole confiada, expectante - ¿Crees que debo ahogarme en el río para reunirme con ella?
- No - el artista sonriente y conmovido acarició suavemente el rostro angelical - ya vale de muertes.- y recordando su propio problema añadió.- vente conmigo, yo te necesito, como puedes ver no tengo sombra.
La joven se apresuró a tumbarse a sus pies, pero el artista la alzó negando con la cabeza.
- Prefiero que camines a mi lado. Tenemos muchas cosas de las que hablar, y acabaría con dolor de cuello si tuviera que hacerlo mirando siempre el suelo.
- Vamos a resultar una extraña pareja, yo soy una sombra demasiado pequeña para ti, no sé lo que pensaran cuando nos vean.
- No te preocupes por eso, no es importante para mí y te puedo asegurar que la gente anda demasiado ocupada en sus asuntos para fijarse en la sombra de los demás.
A partir de este momento, el artista y la joven sombra pocas veces se separaron, y su trabajo fue verdaderamente singular. Por el día, la sombra de la joven actuaba como un filtro que humanizaba la vista del artista-estrella, y juntos acudían a los sitios frecuentados por jóvenes ociosos que consumían su vida en el tedio, sin saber que hacer. El artista anónimamente proyectaba su estrella en ellos, ayudándoles a despertar, a conocer el arte, a crear.
Por la noche, la sombra era libre para vivir su propia personalidad. No tenía cuerpo, pero utilizaba su voz y encontró satisfacción en el consuelo de los demás. Contrató una línea de teléfono gratuito, un número al que podían llamar, donde eran escuchados todos los amantes desesperados, los desdeñados, los desqueridos, los solitarios, los que nunca lo habían conocido, y los que todavía buscaban el amor.

(Relato perteneciente a la colección "Cuentos de amor y muerte").

miércoles, 3 de marzo de 2010

OPOSICIÓN


¿Quién puede decir que son iguales
el que roba y el que da
el que mata y el que muere
el que miente y el que dice la verdad?

lunes, 22 de febrero de 2010

DUDA EXISTENCIAL

¿Quién guiará mis pasos por la órbita temporal?

martes, 26 de enero de 2010

ATRACO ADMINISTRATIVO


Estos días de paseos por el nuevo puente sobre el río Isuela, me he acordado de una anécdota que he rescatado del cajón de la rabia insatisfecha. Me limito a reflejarla como en su momento la escribí:
EL edificio donde se ubica mi piso está rodeado por un callejón sin salida que lo separa de las huertas colindantes. En algún tiempo el ayuntamiento debía de tener planes para esta zona, con lo que pintaron la calzada, incluso un paso de cebra, entonces inutil porque moría contra una valla metálica.
Los vecinos, evidentemente, no teníamos ningún escrúpulo en aprovechar esa "plaza de aparcamiento". Una mañana descubro que la grua se me ha llevado el coche. La policía local me informa de que ha sido por estar aparcado en un paso de cebra.
Acudo directamente a la comisaría de la policía nacional a denunciar al agente que firma la denuncia, porque hace falta ser muy tonto o tener muy mala leche para hacer algo así, y a mi entender ninguna de las dos razones lo excusaban.
Me recibió un inspector que me informó de que mi denuncia se tenía que limitar a un recurso administrativo por el importe de la grua, en otro sentido no prosperaría, ya que la policía tiene presunción de inocencia. Era evidente que el agente se había confundido, pero ¿cómo demostrar que lo había hecho de mala fe?
Por lo menos ya no está pintado el paso de cebra.

viernes, 15 de enero de 2010

ANÉCDOTA MÉDICA


No hace mucho tiempo y por motivos laborales, Emérita tuvo que superar un peritaje psiquiátrico.
Por tratarse de una sesión fuera de consulta, la citaron en la mañana de un sábado de estío en una clínica privada local.
Emérita llegó puntual, la sala de espera estaba desierta, una única auxiliar en el mostrador de recepción la informó de que el doctor la recibiría enseguida. Ella sonrío sus gracias a la vez que cogía uno de los caramelos de cortesía que ofrecía una pequeña cestita de mimbre sobre el mostrador. Por costumbre frugal partió el pequeño cilindro de caramelo, envolvió y guardó una de las partes en su bolso, y se llevó la otra mitad a la boca. No había desayunado, un poco de azúcar le sentaría bien.
En ese momento apareció el doctor invitándola a entrar a su consulta, justo al final del pasillo.
La mujer siguió a la desconocida bata, breve vistazo le había asomado melena leonina canosa y barba a juego.
Apretón de manos de recibimiento. Apenas se había acomodado en su asiento, cuando el doctor le espetó:
- ¿A qué se debe esa dimorfía facial?
Emérita no tenía muy clara la intención del galeno al formular esa pregunta tan precipitada, (lo más fácil es suponer que impresionarla, ¿no?), pero, si bien ella desconocía esa palabra, sus conocimientos clásicos le habían desvelado su significado, por lo que, sin modificar lo más mínimo su expresión, respondió:
- Será el caramelo.
Todo hubiera podido quedar en un gracioso gag que rompiera el hielo y facilitara la entrevista, pero el doctor ahondó la pata en el hoyo:
- ¡Ah¡, es que como no lo mueve ...
Sin añadir comentarios Emérita permaneció en su asiento, respondiendo las preguntas de esa basura de informe que tendría que pagar al payaso impostor de profesional que ni siquiera sabía que observar en silencio unos momentos a sus pacientes podida revelarle mucho sobre su actitud, su personalidad, ...
No merece la pena cuestionar su decisión. Necesitaba ese puto documento.

domingo, 27 de diciembre de 2009

TEDIOSAS SOBREMESAS


26 de Diciembre de 1989
Cabaña de madera en una de las sierras cercanas a la ciudad. Vistas sobre un campo de golf. Diana y Jorge, sentados a un velador del porche acristalado, toman café. Se nota cierta tensión entre ellos, suavizada por el esfuerzo común de estar a gusto.

D: (Coge la cámara de fotos que reposa encima de la mesa) - Voy a sacar una última instantánea. Me encantan los crepúsculos invernales.
S: ¡Qué bonita frase, Di!
D: No te rías de mí. Casi no se ni lo que digo. Me agotan las comidas familiares navideñas. No sabes cuanto te agradezco que me hayas telefoneado rescatándome de la tediosa sobremesa. Ha sido la excusa perfecta.
J: No ha sido una excusa. Realmente tenía muchas ganas de verte.
D: Y yo, Jorge. En estos años no he conseguido alejarte de mi pensamiento ni un solo día.
J: Pero te casaste con Chusma, Di.
D: Fue un error, Jorge. No sabes lo pronto que me arrepentí.
J: ¿Qué quieres decir?
D: (Duda en hablar, pero es su amigo. ¿Quién mejor para escuchar sus confidencias?) - Me di cuenta la misma noche de bodas. Me contó todos sus planes, prácticamente me leyó la lista de deberes, lo que esperaba de mí... Su familia es del Opus.
J: Claro, ya lo sabía.
D: ¿De verdad? Yo ni siquiera lo sospechaba.
J: Debías de estar dormida.
D: Deslumbrada, Jorge. Fue una casualidad encontrarlo en Nueva York y me deslumbró la perspectiva del lujo y el glamour de una vida social diplomática en la gran manzana. Además él me prestaba toda la atención que necesitaba. Siempre me he sentido tan sola. A mi madre no la he visto nunca más que en vacaciones.¿Para que tuvo una hija, si no pensaba cuidarla? No ha sabido ni escucharme. Podría haberle anunciado que iba a suicidarme y me hubiera contestado “claro hija mía, pero pórtate bien”.
(Jorge ríe el chiste, pero sabe que algo de verdad hay en él. Besa a su amiga en una mano. Caricia de comprensión).
J: No te quejes, has tenido a tu abuela.
D: Pero siempre compartida. Después de la cultura y el arte, ahora le ha dado por la caridad. La han hecho directora honorífica de UNICEF en Huesca. No se pierde ninguna campaña. Cómo mi tía en Madrid. No contenta con ser diputada, ahora emprende campaña para la legalización del aborto... Estrella en Berlín, a lo suyo. Y Jaime sigue en Barcelona con su padre.
J: Di, deja ya de quejarte. Te aseguro que en todas partes cuecen habas. A mi me ha tocado ser el hermano mayor de una familia que se volcó en su hijo pequeño desde el día que nació.
(Fragmento de Juegos Fatuos", telenovela)

domingo, 22 de noviembre de 2009

AMIGO ENTRE NOVIAS


Él se acercó rodeandome a modo de sorpresa, acompañando su ¿qué tal? botellín en una mano para él, coca-cola en la otra para mi. Había sabido elegir su entrada y, aunque se evitaron obvios comentarios, fue fácil celebrar el retorno. Poco importan los reproches no dichos y si ya nada es lo mismo, ¿para qué recrear mediocres sentimientos?
Ella ni siquiera alargó su brazo para saludar mi espalda. Yo tampoco esperaba más, hace tiempo que conozco el valor de mi amistad en su escala de mezquindades.

lunes, 26 de octubre de 2009

Y VICEVERSA

¿De qué se puede hablar cuando te encuentras con un fantasma?

domingo, 11 de octubre de 2009

viernes, 9 de octubre de 2009

ECOS DE SOCIEDAD

¿Quién le iba a decir a Sunny Koffy que el día de su boda se iba a sentir tan humillada?
Y es que puede que aquí fuera una extranjera, pero en su país, Sunny era una diosa caribeña.
Haber conseguido una beca artística de cooperación internacional era un sueño hecho realidad.
Poder pintar libremente en aquella lujosa mansión del Valle del Sol junto a Isidro Langerak, un violinista eslavo, y Sam Sekemoto, un escritor japonés de novelas de ciencia ficción, eso ya era un regalo divino.
Y todo esto bajo el mecenazgo del millonario Gobias Koffi, su reciente marido.
Una boda de cuento de hadas que ni siquiera había podido interrumpir el incendio que se provocó en la barbacoa del jardín zen, justo en el momento en que ellos intercambiaban sus anillos.
Y en el día más mágico de su vida, Sunny iba a tener que soportar ver como el anciano rey con el que se acababa de casar, su idolatrado marido, ¿coqueteara con esa bruja de Morgana Wolf?
Para el Sun Valley Times, Agnes Culoprieto.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

HABLANDO CON LA CASA

(Algunas veces crear una obsesión positiva y fácilmente disociable de la realidad es el mejor antídoto contra la depresión.)
  Érase una vez una mujer que intentando sobrevivir a una vida de soledad sin ilusión, que no la llevaba más que a la más profunda tristeza, abandonó su hogar.
  Haciendo acopio de víveres, se encerró en la casa vacía de unos amigos que habían partido para unas largas vacaciones. Por su propio deseo no se lleva nada que pueda recordarle su pasado. Ni fotos, ni música, ni libros. 
 Los quehaceres cotidianos de su nueva vivienda entretenían su tiempo pero no llenaban su pensamiento, pronto la monotonía volvió a sumirla en la angustia. Desconectó televisión y teléfono. Decidió escuchar únicamente el silencio, permitir que los sonidos propios de si nueva casa invadieran su mente y acallaran su incesante y viciado pensamiento. 
 En primer lugar se evidenciaron los ruidos exteriores, los provenientes de la calle, que estaban presentes durante la mayor parte del día: el sonido de los motores de los coches y de las motos que hacían incluso temblar los cristales de las ventanas, las campanas de la iglesia cercana, obreros trabajando, rumor de voces, gritos aislados, aullar de sirenas, perros ladrando. 
 Por la noche el tráfico se amansaba, era entonces cuando emergían con mayor intensidad los sonidos interiores de la propia casa: el taconeo de la vecina del piso de arriba, puertas que se cerraban, el crujir de las paredes, el viento en las persianas, el correr del agua de las cisternas, toses en el baño. 
 Quizás fue la coincidencia de algún sonido con su pensamiento, lo que la llevó a imaginar que podía comunicarse con la casa. No estaba segura de si era ella la que necesitaba hablar aunque fuera con un ser inanimado, o era la casa la que tenía interés en contarle algo. ¡Qué más da una duda tan trivial cuando intentas librarte de la depresión!
 Poco a poco estableció con la vivienda un código de señales muy sencillo, un ruido aislado quería decir sí, dos seguidos querían decir no. Al principio no estaba demasiado atenta, pero las primeras casualidades la hicieron sonreír con ironía. Le resultaba curioso que cuando más necesitaba oír un sí, sonara una vez el claxon de un coche, o que cuando sus pensamientos la llevaban por el camino de la desesperación, uno doble le dijera no. 
 La mujer sabía que esta comunicación no era real, solo un sin sentido, un juego, pero era tan fácil seguirlo. Le empezó a resultar tan reconfortante que decidió continuar su conversación surrealista con la casa. Con el tiempo identificó nuevos mensajes, un sonido continuo estridente le decía que andaba perdida, que debía replantearse la dirección de sus pensamientos. Un sonido retumbante, como de redoble de tambores, le anunciaba una verdad, una idea clave que se avecina... 
 Su continua divagación conversando con la casa evolucionó de múltiples maneras, incluso llegaban a gastarse bromas, chispas de felicidad en el corazón de la mujer, que se sentía amada, importante. Su humor cambió. Empezó a sentirse con fuerzas para enfrentarse de nuevo a la vida diaria, pero todavía convalecía de su reciente depresión. Además, en ella se había despertado un gran interés por su relación con la casa. Aunque se reconocía agarrada a un clavo ardiendo, como un niño que ha creado un amigo imaginario para huir del miedo y la soledad, decidió quedarse unos días más. Sabía que no era más que una excusa para retardar su vuelta al mundo, pero se encontraba tan dolorida que necesitaba mimarse un poco más y lamer sus heridas. 
 Con sus escasos conocimientos científicos elaboró una teoría según la cual, aunque la comunicación con los seres inanimados es imposible para la mayoría de las personas, ella era una privilegiada capaz de traspasar los umbrales comunes de percepción. Sabía que los demás la llamarían loca, pero en todo caso era la locura que ella misma se había creado y no a la que se veía empujada por esa sociedad que tan hostil le resultaba. Sentirse especial, tan único y diferente como cada uno de nosotros somos en la vida. Imprescindibles e irrepetibles. 
 Ella había encontrado esperanza, su victoria personal. Con la serenidad del tahúr que esconde un comodín en la manga, abrió la puerta, salió a la calle y se dio cuenta de que toda la ciudad le hablaba.
(Cuento perteneciente a la colección "finales felices"