Dicen de mí que soy espontánea, y seguramente tienen razón.
Hace unos catorce años, cuando los bares, sólo los jueves, regalaban una tapa con cada caña, con cada copa de vino en mi caso. Una noche acercaba a un amigo a su casa después de un concierto cuando me paró un control policiaco para soplar mi nivel de alcoholemia. Un piquete interesante de media docena de agentes de policía entre local y nacional.
Era el cuarto jueves que me pasaba y estaba tranquila porque sabía que me iba a dar negativo, aunque cuatro horas antes había estado más que piripi.
- ¿Cuánto me ha salido?- le pregunté al agente.
- cero con 007- respondió él.
Así que mirando al infinito y con énfasis comenté:
- Licencia para matar.
Ellos me miraron con suspicacia sin tener qué decir y yo continué mi camino.


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