lunes, 29 de diciembre de 2008

miércoles, 17 de diciembre de 2008

EN LA RED

CAPÍTULO II

“Jim Morrison@glam.EU”

14 de Julio de 2027.
El escenario está dispuesto, en teoría nada puede fallar. Me llamo Eugenio Celaya, acabo de eurolicenciarme en Ciencias de la Comunicación Digital, mi título me avala, soy un tío listo. Así que, amigo internauta, si quieres conocer las intimidades de mi vida de Casanova con éxito, no dejes de visitar mi Web. La primera entrega es gratis, y las demás sólo te costarán diez euros cada una. Déjate enganchar.
Ha sido un acierto elegir la eco-urbanización “La esfinge de Gratal”, a sólo veinte kilómetros de la bimilenaria ciudad de Huesca, Comunidad Europea. Paradisíaco gueto privilegiado, famoso entre múltiples cosas por el carácter sexualmente abierto de sus habitantes. Se dice que si llegas al grado suficiente de amistad, cualquiera de sus miembros está a tu alcance, sea hombre o mujer, casado o soltero, joven o viejo, con la única excepción de los niños y pre- adolescentes, protegidos congénitamente por el microchip de alta moralidad.
La primera visita que he recibido ha sido la de mi casera, Bruna Castro. Hermosa mujer morena de origen caribeño. Ha venido en nombre de su cuñado Guido, auténtico propietario del chalet, para darme la bienvenida y asegurarse de que todo era de mi total agrado. Me gusta este chalet, claro está. Tiene el tamaño perfecto y está exquisitamente decorado como piso de soltero, la perfecta guarida para un conquistador. Tiene buen gusto ese Guido. Lo más original es el dormitorio, que recrea fielmente un escenario de “La guerra de las galaxias”.
No ha puesto reparos Bruna a la inclusión en el contrato de Selva, mi perra. Porque tengo una perra, una hembra “Collie” que he adoptado esta mañana en la Protectora de Mascotas no Clonadas. No me gustan mucho los animales, pero he supuesto que podría servirme de reclamo para despertar la simpatía de mis vecinas.
No me he equivocado. Nada más marcharse Bruna, ha pasado una chica que en cuanto ha visto a Selva se ha abalanzado hacia ella para acariciarla y jugar. Me he puesto cachondo nada más verla. Se llama Teresa y me ha puesto al corriente de los últimos cotilleos con evidente excitación. No me extraña, en un tedioso lugar como este en el que nunca pasa nada, han desaparecido dos hombres en los seis últimos meses. En realidad sólo una de estas desapariciones resulta sospechosa, la de un tal Gustavo Oliveras, dueño de un casino con fama de fraudulento en el centro de la ciudad. Una mañana recibió una llamada telefónica, salió de casa, y ya no se ha vuelto a saber nada más de él. Se ve que la familia consternada no pudo asimilar la desaparición y se fueron a un lugar al que se ha referido Teresa con misterio como “Casa Propia”. No tengo ni idea del sitio del que hablaba, pero no he querido interrumpirla, no podía apartar mis ojos del movimiento de su pecho conforme se animaba la conversación.
El segundo hombre que despareció, ¡qué sorpresa!, fue Fidel Castro, el marido de Bruna, mi casera. Pero en este caso las malas lenguas no hablan de desapariciones extrañas, sino de que tenía un lío con otra mujer, que le salio mal y se fue a “Casa Propia”. Buena noticia para mi, eso quiere decir que Bruna está libre, y probablemente despechada, eso podría facilitar mi tarea.
Teresa se ha marchado sin darme su número de móvil, dificultades de plan.
Estaba desesperado intentando ganarme un mínimo de afecto de Selva, cuando ha pasado Berta Collado, de la Protectora de Mascotas, venía a asegurarse de que la perra estaba en buenas manos. El alojamiento le ha parecido perfecto. Es hermosa Berta, pero de aspecto muy descuidado, un cambio de imagen podría hacer maravillas con ella. Aunque se ha mantenido distante, hemos congeniado. Me ha tranquilizado respecto a Selva, todo será cuestión de tiempo. En cualquier caso, se pasará la semana que viene, y me ha ofrecido sus servicios como adiestradora.
No me puedo quejar de mi primer día en la eco-urbanización, ha sido muy provechoso, y de momento allí va mi ranking con puntuaciones sobre cien:

NOMBRE............ ATRACTIVO ..........POSIBILIDADES
Bruna Castro ..................72..............................50
Teresa Monreal .............85..............................20
Berta Collado .................67...............................35

(Fragmento de la novela "A la sombra de la esfinge de Gratal)

domingo, 14 de diciembre de 2008

ALQUIMIA CASUAL

Aunque la mona se vista de seda, seda se queda.

Érase una vez un hombre y una mujer que coincidían a menudo paseando sus perros por un pequeño y recoleto jardín del vecindario. Poco a poco nació entre ellos un cierto sentimiento de curiosidad que hubiera podido convertirse en amor, pero las circunstancias no eran muy favorables. Diferencia de edad contra la mujer y círculos sociales contrarios.
A la mujer no le importaban las consecuencias de esta relación hecha a base de encuentros fortuitos y escondidos, pero el hombre prefería conservar sus amistades por miedo a la soledad.
Una fría noche de Febrero la mujer salió a dar su rutinario paseo. El hombre, que vigilaba su llegada desde la ventana, le salió al encuentro. No podría haber elegido peor ocasión. La mujer no se encontraba muy bien, resfriado, dolor de cabeza. Se sentía fea, despeinada y mal vestida. Pero estaba tan emocionada de ver a su amor, que se quedó en el jardincito con él.
La mujer recogió los mínimos excrementos de su perrito en una bolsa. Como no había papelera cerca, la mujer se guardó la bolsa en el bolsillo derecho de su amplio gabán para deshacerse de ella más tarde, cuando continuara su paseo. Gesto escatológico que, sin embargo, la mujer entendía de lo más natural (Una bolsa de plástico cerrada sigue siendo lo mismo independientemente de lo que guarde en su interior).
Lo único que esta pareja había compartido era la lectura de la novela “El Alquimista”. La mujer intentó convencerlo del paralelismo de su situación, de buscar juntos un sueño que compartir. El hombre prefirió la comodidad mediocre del oasis familiar a la aventura de cruzar el desierto.
Los sentimientos se enfriaron cuando los problemas aumentaron y al final dejaron de verse. La mujer lo pasó muy mal, pero poco a poco fue olvidando ese amor que nunca llegó a cuajar. El tiempo pasó. Un año después el hombre volvió a interesarse por la mujer. La seguía por los bares que ella frecuentaba intentando, sin gran éxito, reanudar su relación. Pero ella, desengañada, no quería saber nada de sentimientos mediocres, y lo rechazó.
Curiosamente tres únicas noches volvieron a encontrarse, y las tres veces coincidió que la mujer, por diversas circunstancias casuales, llevaba una pieza diferente de bisutería en el bolsillo derecho de su ropa.
La primera vez, una pulsera que no había podido abrocharse sola. Era una correa de cuero rematada por dos piezas metálicas en forma de macho y hembrilla. La segunda un pendiente que le hacía daño por no ser de metal noble y acabó guardado en el bolsillo. La tercera vez un collar plateado parecido a una correa para perros que una amiga acababa de prestarle para que lo luciera en otra ocasión.
Las tres joyas tenían cierto simbolismo sexual por su forma y modo de abrocharse. Así que la mujer supuso divertida que era una especie de compensación mágica de alquimista. Aquella bolsa de excrementos que una vez se guardó en el bolsillo del gabán, convertida en joyas de tan escaso valor como lo había sido su relación.
También se convenció de que las joyas simbolizaban las relaciones sexuales que ya nunca tendrían.
Definitivamente, nunca hubo un anillo.
(Aunque escrita en forma de cuento, me consta que esta historia es real)

miércoles, 10 de diciembre de 2008

RELATIVO

Eres considerado viejo cuando tu belleza empieza a ser un valor relativo. Es entonces cuando escuchas las frases tópicas y odiosas del ¡qué bien te conservas¡ o ¡qué guapa estás para la edad que tienes¡

miércoles, 26 de noviembre de 2008

APRECIACIÓN PERSONAL

- Nosotras antes vivíamos allí.
- ¿En el mar?
- ¡No ves que eso es el campo¡
- A mi me recuerda mucho al mar cuando el viento levanta olas de cereal.

jueves, 20 de noviembre de 2008

ETIQUETA

...
D: Estate quieto o te lo juro que me voy. Ve a mirar esas fotos. (Añade conciliadora) – Es importante para mí.
(Evidentemente enojado pero conteniéndose, Jorge sale de la piscina. Se seca un poco con la toalla y se dirige de nuevo a la mesa.) – Espero que sea importante, porque ya me estoy cansando de tus caprichos.
(Diana sale de la piscina. Se abrocha el albornoz frotándose con las manos para estimular la reacción de su piel al contacto con el aire fresco después de la temperatura caliente del agua de la piscina climatizada. Se acerca a su amigo que sigue mirando las fotos. Se sienta a su lado y observa con él).
D: Es la foto de tu orla de fin de carrera. (Jorge parece sordo, ninguna reacción, como si no hubiera oído la voz de su amiga.) – Ya me parecía a mí que te recordaba más rubio. (Le acaricia el cabello.) – Aunque pronto se te volverá a aclarar con tanta cana. Bueno, dicen que así es más difícil quedarse calvo.
J: Estate quieta. Déjame pensar.
D: ¿Qué tienes que pensar? Está todo muy claro. Eres hijo de mi tío Javier, el hermano menor de mi madre que murió en un accidente de esquí antes de que yo naciera.
J: ¡Qué me muera aquí mismo si alguna vez sospeché algo así! (Empieza a reírse con una euforia patológica) – Toda la vida preguntándome... porque estaba claro que mi padre no era mi verdadero padre. Las fechas no concordaban. Y mi madre sin soltar prenda. Y la paliza que le di a aquel tío cuando insinuó algo parecido.
D: ¿Paliza?, ¿de qué estás hablando?
J: De nada, de cuando perdí la prorroga por estudios y tuve que hacer la mili. Un tío que dijo en el casino que yo era un Torres y le partí la cara contra la barra. Y yo que creía que se refería al taxista.
D: No se, Jorge, me asustas mucho cuando te oigo hablar así.
J: No hagas caso, Di, ataques de furia de la juventud. (Empieza a abrazar, casi zarandear a Diana que se levanta hasta pararlo.) – Entonces, Di, tu y yo, ¿Qué somos? ¿Primos?
D: Primos hermanos.
J: (Empieza a meterle mano por debajo del albornoz.) - Por eso me pones como me pones. Ya lo dice el refrán. El primo a la prima se arrima, y si es hermana, con más gana.
D: (Se protege como puede de las caricias de Jorge, que desiste, y empieza a vestirse de nuevo) - Estate quieto por favor, Jorge, ¿es que nunca vas a aprender a tomarte las cosas en serio?
J: A ver, Diana, ¿qué quieres que me tome en serio?
D: Acabas de saber quien era tu verdadero padre.
J: No me vengas con monsergas de culebrón. Soy huérfano de padre hace años, y acabo de heredar otro padre muerto. ¿De verdad esperas que me emocione?
D: Pero también has heredado tus orígenes, tu familia.
J: ¿Familia? No me seas dogmática. (Diana calla, así que sigue hablando, despectivo). – La familia. Mucho que significa para ti la familia. Siempre has estado tan sola como yo. ¿Ya no te acuerdas?
D: Pero tu herencia...
J: ¿Qué herencia?, no la necesito. Ser el hijo ilegítimo de una de las familias bien de la ciudad, un bastardo al fin y al cabo. Prefiero dejar las cosas como están.
D: Puede significar un gran cambio en tu vida.
J: Yo cambio mi vida. Día a día, cuando se me antoja. Yo decido lo que es importante para mí.
D: Y si no, dejas que el azar decida.
J: ¿El azar? ¿Qué quieres decir?
D: Lo que oyes, nada más. (Como su amigo la sigue mirando interrogativo continúa) – que muchas veces el azar te ha beneficiado a la hora de tomar tus decisiones.
J: Habla claro, Dianita, ya sabes que no me gustan las adivinanzas.
D: (Conciliadora) - No te enfades. Sólo quería decir que la suerte te ha ayudado. Bueno, más que suerte, Jorge. Lo que se comenta por ahí...
J: ¡Ah, sí! Cuéntame, ¿Qué es lo que se dice por ahí? ¿Qué me llaman? ¿Tramposo?
D: No exactamente. Nadie habla de trampas, pero sí de que eres un jugador de ventaja. Que alguna vez te aprovechaste de la borrachera de tus rivales.
J: Envidiosos. ¿Y tú te lo has creído?
D: No, Jorge, no me lo he creído, porque yo soy la estúpida que no pierde la confianza en ti. Pero si quieres que te diga la verdad también se que podrías haberlo hecho.
J: (Se ríe satisfecho al escuchar a su amiga. Le divierte escandalizarla un poco. Empieza a hacerle caricias como cosquillas) - ¿De verdad? ¿Tan falto de moral me ves? ¿Me crees capaz de hacer trampas jugando?
D: (Se quita de encima las manos de su amigo) - Yo te creo capaz de todo.
J: Pues tranquila, Di, no he hecho nunca trampas. ¿Para qué?, no me ha hecho falta.
D: (Risa irónica) - Pero mira que eres chulo.
J: Sí es que es verdad, la gente se pone a jugar sin saber, y encima se pican creyendo que no les puede pasar a ellos, que no pueden perder. Hay que saber parar a tiempo.
D: Jorge, que yo te conozco, y se cómo te gusta jugar.
J: Como a todos, supongo, una lucha emocionante y una victoria rápida.
D: (Indignada) - De eso nada. Pero, ¿Cómo puedes hablar así? ¡Qué indulgente eres contigo mismo, o que mala memoria tienes! Mírame. Que soy yo, Diana, que a mi no me puedes engañar, que he jugado miles de partidas contigo, que se como te gusta no solo ganar, sino que si puede ser, humillar al contrario, aniquilarlo.
J: No seas rencorosa, Dianita, que porque te haya ganado muchas veces no te tienes que poner así.
D: Que no estoy hablando de eso, que a mi no me importa perder.
J: ¿Me quieres decir que tú no juegas a ganar?
D: ¡Claro que sí!, y me gusta ganar. Pero perder una partida de damas o de ajedrez no me parece importante. Se termina y empieza otra. Sin embargo para ti cada partida es a muerte.
J: Es que me gusta poner pasión en todo lo que hago. Además, si lo miras bien ¡vaya putada! Ya se sabe, “afortunado en el juego, desgraciado en amores”.
(Nuevamente intenta acariciar a Diana y nuevamente es rechazado.)
D: ¡Venga, tío!, que tú no has sufrido por amor en la vida.
J: Tú me has hecho sufrir.
(Diana tiene que respirar profundamente para apartar de su mente los humillantes recuerdos que no está dispuesta a reprochar)
(Fragmento de "Juegos Fatuos", telenovela)

miércoles, 12 de noviembre de 2008

PARAISO

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El paraiso está cerca de mi casa, sólo a un cuarto de hora en coche

miércoles, 5 de noviembre de 2008

ENVIDIA

...
(Diana se vuelve de espaldas a punto de llorar. Se abrocha la ropa. Una puerta se abre, se oye más nítida la canción “Give peace a chance”. Aparece Estrella. Ya desarrollada a los doce años es muy alta y flaca, aspecto vulnerable para una adolescente precoz. Habla con Diana maliciosa, consciente de que ha interrumpido algo importante, pero no deja de mirar coqueta a Jorge)
E: ¿Estabais aquí? Empezábamos a preguntarnos si os habría pasado algo.
D: He salido a hacer unas fotos con esta luz.
E: ¿Y Jorge es el modelo? (Se observan con recelo, esperando descubrir sus respectivos papeles.) – Ya sabes elegir bien (Se vuelve hacia Diana y lo que le dice suena a excusa para que los deje a solas) – Jesús Mari te está buscando.
J: ¿Quién es Jesús Mari?
D: Es el hijo de unos amigos de la abuela.
J: ¡Ah, vale! El rubio que te mira con ojos de besugo. Parece muy viejo, ¿no?
D: Es una buena persona, no hables de él así. Y no es tan viejo, sólo tiene treinta años. Es abogado, está preparando unas oposiciones para el cuerpo diplomático.
J: (Con sorna) - ¿No me digas? ¡Qué interesante!
(La canción ha terminado. Un programa informativo sigue comentando el asesinato de John Lennon en Nueva York.)
E: Preguntaba por ti, se despedía ya.
D: (Coge a su amigo de la mano) - Ven, te lo presentaré.
E: Adelántate tú, que quiero comentarle una cosa a Jorge.
(Lo ha agarrado a su vez por el otro brazo, Jorge le devuelve la sonrisa atendiéndola. Diana controla su desagrado y entra sola en la casa. Estrella espera hasta que están solos y se vuelve hacia Jorge hasta situarse muy cerca de él, que la observa sorprendido.)
E: Hazme lo mismo que a Diana.
(Jorge explota a reír cuando intuye el significado de la petición de esa niña que se le insinúa.)
J: ¿Qué estás diciendo?
E: Os he visto. Mucho rato. (Con una mano empieza a acariciarle la entrepierna). – Yo también quiero hacer eso contigo, quiero darte el mismo placer que ella.
J: (Se separa extendiendo sus brazos hacia delante, a modo de escudo). - No. No puede ser, eres una cría.
E: ¿Y cuando sea mayor lo haremos? (Lo mira consternada pero sin manifestar ningún tipo de sentimiento de pudor o vergüenza), - Di, ¿lo haremos?
(Jorge la mira negando con la cabeza a la vez que complacido por la entrega de la niña. Sin decir nada entra en la casa, y Estrella lo sigue en silencio.)
(Fragmento de "Juegos Fatuos", telenovela)

domingo, 26 de octubre de 2008

REENCUENTROS

El bosque encantado. Fotografía de Fernando Pellicer Gutiérrez
Agradezco el reencuentro con viejos amigos en esta, mi época, de vida social en la que nada parece perdurar. Amigos que me recuerdan mis raíces, quién he sido, y adonde he llegado.

sábado, 4 de octubre de 2008

REFLEJOS

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Tengo una caracola roja por la que se oye el mar.

viernes, 3 de octubre de 2008

LA CLAVE

El sol sorprendió a Amanda todavía despierta, inmóvil en el sillón, inmersa en sus pensamientos. Conservando todavía el libro en sus manos se decidió por fin a levantarse y se dirigió al dormitorio. Miedo le daba mirarse en el espejo de luna del armario, pero sabía que tenía que hacerlo. Se sentó sobre la cama y comprobó lo certero de su presentimiento. No era el sillón orejero lo que aparecía en el dibujo, sino la colcha azul de verano. Un reflejo de luz agrandaba las proporciones del botón nacarado del tirante izquierdo de su camisón. Los hilos colgantes en el tirante izquierdo evidenciaban que había perdido el otro. Se palpó las escasas pestañas para una mirada femenina recordando lo mucho que había envidiado de joven la espesura de las de su hermano. Se agachó y metió sin mirar la mano bajo la cama. Rebuscó hasta sacar el primer objeto que encontró, la minúscula llave del candado de la vieja maleta de piel marrón que yacía desecha a sus pies. Era la mancha que su hija había confundido con su perro Roco. Giró el libro hasta poner el dibujo frente al espejo sabiendo de antemano que ahora se leería bien la palabra allí escrita, god. Mirando fijamente su imagen susurró en voz alta: "foto", y tranquilamente se acostó.
(Fragmento de la novela "Amanda erosionada")

sábado, 20 de septiembre de 2008

SPLEEN

Mallos de Riglos, mi paraiso escondido.
Ayer luché por conservarte.
hoy quiero olvidarte por no encontrar motivo.

lunes, 15 de septiembre de 2008

DEBUT

Dentro del tintero se quedaron muchos sentimientos por expresar. Lo suyo no era optimismo, sino satisfacción por los beneficios adquiridos. No sólo por los tópicos obvios de mejoras físicas que cualquiera que ejercite su cuerpo conoce, ni siquiera por todo lo que conlleva a nivel mental y psicológico. Amanda había leído muchos artículos de revista que hablaban de eso, lo esperaba. Muy distintas eran las circunstancias que le habían sorprendido.
Personalmente le había costado superar el pudor ante el contacto físico. Ella, que era reticente incluso a cambiarse de ropa en público, había tenido no sólo que desnudarse delante de sus compañeras, sino que había tenido que rozarse con ellas, abrazarse y manosearse con toda naturalidad. Amanda había admirado los esculturales cuerpos de las jóvenes bailarinas, y había disfrutado al comprobar como el suyo propio se había ido amoldando hasta confundirse con los suyos, como una veinteañera más. Incluso se había dejado contagiar de sus ilusiones. Había escuchado sus proyectos sabiendo lo distintos que iban a ser sus caminos.
Ella tenía muy claro que de momento no abandonaría la danza. Había entrevisto ciertas mejoras de las que no había oído hablar como asociadas a esta práctica, sin embargo le parecía fácil deducir su estrecha unión. Diestra indudable desde niña, había empezado a realizar con total normalidad y eficacia acciones automáticas con la mano izquierda. Sospechaba que esta incipiente capacidad bilateral sería muy beneficiosa para ella. ¿Qué estaría pasando en su cerebro? No lo tenía muy claro, sin embargo creía que estaba desarrollando aptitudes que desconocía poseer.
El telón se deslizó y los primeros compases sonaron. La mirada de Amanda se cruzó con la de su hija Sofía espectadora en la segunda fila, y no pudo ni quiso evitar sonreír. No importaba cómo saliera hoy la función, su mayor éxito lo había cosechado ayer durante el ensayo general. Había sentido el orgullo de conseguir la admiración de su hija, que recién llegada de Madrid por las vacaciones de Semana Santa, había seguido boquiabierta toda su actuación. Ella, la miedosa de Amanda, la que no iba a las excursiones por torpe, la inútil mujer con la pierna autoquebrada en casa. Ella, flotaba y volaba sobre el escenario ágil y ligera como una pluma. ¿Qué importancia tenía todo lo demás?
(Fragmento de la novela "Amanda erosionada")

miércoles, 10 de septiembre de 2008

LUNA LLENA

- ¿No te parece, amigo, que la luna está hermosa esta noche?
- Bueno, me divierte más ver las maniobras de esa barca.

sábado, 6 de septiembre de 2008

CANTOS DE CISNE

20 de noviembre de 1975
Plaza de Navarra. Rosa y Marisa se encuentran por casualidad. Esta lleva un periódico que testimonia que el pais está de luto por la muerte de Franco.
...
M: Me viene muy bien que te quedes con Dianita porque en Madrid voy a estar ocupada. Voy a aprovechar este viaje para acudir a una cita.
R: No me diga que le ha salido un pretendiente.
M: (Sonrisa enigmática que no desmiente) - No seas mala, Rosa, que estoy hablando de trabajo. Esto se acaba, ¿me entiendes? Me refiero al Círculo Medina. Tarde o temprano las aguas tomarán otro cauce.
R: Bueno, pero aún puede tardar dos o tres años.
M: Los que sean, que no me importa. Me gusta mi trabajo, pero ya voy teniendo edad de retirarme y dedicarme a otras cosas.
R: ¿Qué se le ha ocurrido esta vez?
M: De momento estoy pensando en volver al escenario. La ectuación que abrió esta temporada del Círculo me gustó mucho. Al director de la compañía, Julio Pacheco, lo conocía desde joven, de cuando era bailaora en Madrid. Era guitarrista en el mismo tablao que trabajaba yo.
R: ¿Nostálgia, Marisa?
M: Ya te puedes creer que sí. Fueron buenos tiempos. Éramos pobres como ratas, pero ricos en ilusiones. (Un momento de silencio para el recuerdo) - Él ha progresado mucho desde entonces. Tiene su propio tablao en Madrid, en Chueca, me pidió que fuera a verlo.
R: Pues a mí todo esto me suena a romance.
M: No te digo que en aquella época no peláramos la pava alguna noche, sin llegar a nada serio, claro, pero ten en cuenta que ya soy abuela.
R: No existe edad para las cosas del amor.
M: Sí, eso dicen. De cualquier manera de lo que vamos a hablar es de trabajo. Quiere que vuelva a bailar. Ha creado un espectáculo que dice que está pensado para mí. Quiero conocerlo.
R: No me extraña, yo también querría conocerlo. (Se estremece ostensiblemente) - Brr, ¡qué frío hace¡
M: Sí, y nosotras aquí de capazo, como si no tuvieramos cosas que hacer.
R: Siga hablando, Marisa, que me tiene muy intrigada.
M: No, si ya está todo dicho. El espectáculo que trajo aquí me gustó mucho, era elegante y con clase. Lloré de emoción en algunos momentos. Si el que me propone me gusta tanto, lo haré. Sera mi despedida de los ruedos, mi canto de cisne.
R: Diga que sí, no hay nada que desee más ahora mismo que irme a Madrid a verla bailar sobre un escenario.
M: Gracias, Rosa, sabía que podía contar con tu comprensión. Bueno, ¿a qué hora te puedo llevar a Dianita?
R: A la que quiera, yo me voy ya para casa.
M: ¿Quieres que te lleve Torres en el taxi?
R: No, no será necesario. Voy a aprovechar que llega el autobús.
M: ¡Ah, sí, qué oportuno¡
R: Adiós, Marisa, la espero.
M: Vale, iremos sobre las doce.
(Fragmento de "Juegos Fatuos", obra de teatro con visos de culebrón)

domingo, 31 de agosto de 2008

SOL

- Parece que las nubes no me van a dejar verte hoy.
- No te preocupes, ahora salgo, es sólo que me da pereza levantarme.

miércoles, 27 de agosto de 2008

TOMA FALSA


J: Diana, de sobras sabes que tú y yo somos tan iguales como un par de zapatos.
D: (Ofendida) - Te confundes, Jorge. Somos iguales, pero a la vez muy distintos.
J: ¿Distintos en qué?. A ver, explícamelo. (Se para un momento y contempla a su amiga con semblante interrogativo) – De todos modos, no se que te pasa hoy conmigo, pero estás francamente antipática.
D: Perdóname, no es contigo, es con el mundo. Será la resaca que no se me ha pasado ni con el remojón en la piscina.
J: Venga, cuéntame eso. ¿En qué somos tan distintos tú y yo?
D: En todo, en la concepción que tenemos de las cosas, de la amistad, del amor, del sexo,...
J: ¡¿En el amor, en el sexo?!. Pero, Dianita, tú y yo somos iguales, depredadores natos. ¿O es que esos jovencitos con los que te vi anoche no eran moscardones presos en la tela de araña esa que llevabas como vestido.?
D: Me resulta interesante que puedas sentir celos de mí, pero otra vez te confundes, sólo eran un par de amigos. Muy guapos, la verdad, pero ambos tienen novia.
J: Mucho que les importan a ellos sus novias.
D: Mira, yo creo que sí, y de todos modos con que me importen a mi ya es suficiente. (Tapa con un gesto la boca de su amigo que iba a continuar.) – Sin comentarios. (Libera la boca de Jorge que se ríe y calla). - En el amor unos son cazadores y otros son presa. Como tú bien dices yo soy cazadora, como la diosa mitológica de mi nombre.
J: Cázame a mí.
D: Eso no vale, compréndelo. Cazar es un arte y yo soy virtuosa del verdadero espíritu deportivo de la caza.
J: Siempre podríamos ser pareja de cazadores.
D: No compares. Tu y yo no somos el mismo tipo de cazador.
J: A mí me gusta cazar conejitos. (Jorge bromea mientras mira ostensiblemente la camiseta de Diana con el anagrama de Play Boy.)
D: La diferencia no estaría sólo en las presas, sino en la ética del deporte.
J: ¿En la ética o en la etiqueta?
D: Vale, escúchame, esto es importante. Yo como cazadora siempre busco lo especial. Ojeo, rastreo, pero sin molestar mucho a las presas. Busco algo distinto, algo que despierte mi codicia, mi deseo de abatir la presa. Creo que en realidad lo que soy es pescadora, no mato, devuelvo la presa al río. Tu sin embargo no seleccionas. Lo cazas todo.
J: Ahora me vas a decir que uno de esos niñatos de los que te gusta rodearte es tu ideal.
D: Deja eso, no es un tema del que me apetezca hablar contigo.
J: Sigue hablando de caza.
D: Mira no, me he acordado de algo. El otro día alguien comentaba que la pareja perfecta de un sádico era un masoquista. (Jorge asiente con un gesto.) - Yo no estaba de acuerdo. Yo creo que un sádico no puede sentir placer haciendo daño a alguien que desea que le hagan daño, y que por lo tanto disfruta.
J: Sí, ¿por qué no?
D: Porque debe ser frustrante no causar daño sino placer cuando tú lo que buscas...
J: No me vengas con razonamientos filosóficos. Un sádico, (La mirada de Jorge muestra un brillo acerado de crueldad que asusta a Diana) - es una máquina de hacer daño, no le importa el quién, no le interesan sus victimas, lo que sienten ni las consecuencias de sus acciones. Sólo hace cada vez más daño.
D: Entonces me estás dando la razón. ¿Cómo puede ser perfecta una relación cuyo final feliz lleva a la muerte?.
J: Ya se sabe. Lo bueno si breve... (Diana permanece callada. Jorge sabe que la ha herido, pero incapaz de disculparse, intenta cambiar el tono de la conversación.) - Pero, ¿a qué viene esta tontería del sadismo?
D: Comparaba a un cazador con un sádico. Quería que comprendieras la diferencia entre nuestras éticas de caza...
J: (Se acerca más a su amiga y la besa. Le habla con tono meloso, seductor) – Déjate de éticas de caza que ya me has puesto muy cachondo.

(Fragmento inutilizado)

jueves, 21 de agosto de 2008

LIRIOS

No vinisteis a visitarme la pasada primavera,
¿Acaso sabíais que no iba a estar allí para admiraros?

domingo, 3 de agosto de 2008

EL CÁNCER DE DIOS

Porque si Dios nos hizo a su imagen y semejanza, nos hizo Dioses

La primera vez que vi a Dios, yo viajaba en un autobús urbano. Efímera visión de un hermoso adolescente acompañado de una chica que supuse su novia. No recuerdo con exactitud los pensamientos que cruzaron por mi mente en tan poco tiempo. Que era muy guapo, seguro. Recuerdo sin ninguna duda que pensé en la suerte que tenía esa chica, porque yo creía que, siendo una mujer casada, pasada la treintena, y no considerada guapa según los cánones más comunes, ya nunca podría tener acceso a un novio así. Pero me temo que mi último pensamiento fue desear ser como Él, por suponer que, para un hombre y con su físico, todo debería de ser ventajas en este mundo. Hercúleo esfuerzo para alguien con filosofía de "No haré por ti lo que puedas hacer tú mismo". Y es que entonces yo no sabía que aquel joven era Dios.
Poco tiempo pasó antes de que volviera a verlo en circunstancias muy parecidas. Visión mucho más breve que sirvió para asegurarse de que yo plasmaba en mi retina su imagen.
Me atrevo a asegurar que estos primeros encuentros tuvieron como objetivo enmendar un error muy posterior en el tiempo, el sitio elegido para nuestro primer encuentro. Pero no quiero adelantar acontecimientos.
Desconozco la mayoría de las circunstancias de su vida durante los más de diez años que pasaron antes de que volviera a verlo. No suelo cotillear. Además ya no me creo con firmeza nada de lo que los demás me cuentan. Ni siquiera lo creo a Él mismo, porque yo se que Dios miente. Ya puede Él llamarlo ejemplos, metáforas o parábolas. Para mi no son más que mentiras.
La única conclusión que me atrevo a formular es que, durante este tiempo, Dios se preocupó de estar presente en mi entorno social más próximo evitando sin embargo la presencia física directa. Lo afirmo con dudas porque esta ciudad es pequeña y la gente acaba relacionándose con el mero rodar del tiempo, pero aseguraría que eligió con algún propósito, que me incluye, el trato de personas allegadas a mí, las casas en las que ha habitado desde la infancia, sus amigos, sus estudios…, toda una telaraña de detalles que con angustia observo crecer.
Sospecho que este tipo de casualidades las ha buscado también en otros entornos, en estas circunstancias no soy diferente al resto de la humanidad. Mi autentico castigo personal es el de ser la impotente testigo de su naturaleza divina. Creo ser la única persona que conoce a Dios.
(Fragmento de la recreación de una paranoia)

lunes, 28 de julio de 2008

GINGER

No me mires así,
perra mala,
que te conozco,
siempre buscando bronca.

domingo, 27 de julio de 2008

CATALIZADOR



- ¿Puedo ayudarla en algo?
Amanda levantó la cabeza saliendo de su ensimismamiento. Era un muchacho negro guapísimo que había empezado a trabajar en el Salón de Belleza del que era clienta. Se había escapado hasta allí aprovechando que Sofía estaba durmiendo la siesta. Necesitaba con urgencia teñirse el pelo, porque la raya blanca de las raíces crecidas de más de un mes le daba un aspecto descuidado que odiaba. Sara ya la había avisado de que iría el domingo y seguro que no sería la única visita.
- Pues mira, sí. Noto un pinchazo en esta mano. No es que me duela mucho pero me molesta y no acierto a ver de que se trata. ¿Podrías alcanzarme las gafas que las debo de tener en el bolso? - Con un gesto señaló su pelo encrestado untado por completo con la pasta de tinte castaño. - Me iba a levantar yo, pero con este pringue en la cabeza ...
- ¿Cuál es su bolso?
- Uno marrón de ante que lleva una magnolia bordada. Las gafas deben de estar en el bolsillo delantero, el de la cremallera.
El joven volvió pasados un par de minutos. La mujer continuaba observándose la mano izquierda con mucho detenimiento a la vez que pasaba repetidas veces su pulgar derecho por la palma, exactamente en la zona de la base del dedo pulgar.
- ¿Es este su bolso?
- Sí, gracias.
- Pues me temo mucho que las gafas no están.
- ¡Qué rabia! Ahora me acuerdo que he estado cosiendo a mediodía, acortando el tirante de un vestido. Las gafas deben de haberse quedado sobre la mesa.
- ¿Me permite echarle un vistazo? – le preguntó el joven acercando una banqueta para sentarse a su lado.
(Fragmento de la novela "Amanda Erosionada")

jueves, 24 de julio de 2008

PARÁSITOS

Mal elegísteis vuestro anfitrión,
caraduras del reciclaje del desastre.
Aunque vuestra belleza flemática no perduró,
Me deleitó ser vuestra dueña entonces.

lunes, 21 de julio de 2008

LA MAREA

CAPÍTULO VII
Una noche deambulaba insomne, distraído, únicamente los radares de emergencia activados. Sus pasos le llevaron al 31. Era tarde, Cristian estaría a punto de cerrar, tal vez lo convenciera para perder un rato juntos. Nada más entrar en el bar sintió un extraño desasosiego de alerta. Provenía del fondo del bar, donde su amigo conversaba animadamente con una chica que tardó un segundo en recordar de qué la conocía. Imagen de una niña con trenzas chocando apresurada contra él por los pasillos de la escuela de su EGB en Huesca. Era la única cliente en el local así que se acercó a ellos.
- Hombre, hablando del rey de Roma. – el camarero lo saludaba exagerando el ademán de acogida.
- ¿Qué te estaba contando este mentiroso de mi?
Jaime miraba directamente a la chica. Era alta, fuerte, bien musculada, muy guapa. Morena de piel y pelo como él, incluso se le parecía un poco aunque sus ojos fueran de color azul intenso. Nunca se había sentido tan atraído. Sus circuitos ardían, estaba claro que esa chica iba a ser importante en su vida.
- De mentiras, nada. – contestó Cristian. - Le contaba a Sofía que estás loco, tío, que esta tarde te habías enfadado conmigo por una tontería y habías tirado media sandía por la ventana.
- ¡Ah!, era eso. – sonrío recordando la anécdota. Todo había sido actuación. Cristian no sabía que la sandía le había dado a un gitanillo que intentaba robar un móvil olvidado en un descapotable. Se asustó tanto por lo extraño del proyectil que huyó desenfrenado. – perdóname, colega, hasta yo mismo me sorprendo a veces de lo violento que me pongo.
Mucho rato estuvieron hablando esa noche los tres, pero Jaime no tuvo ninguna oportunidad. Estaba claro que esa chica estaba coladita por Cristian. No era la mujer de su vida, sentenció decepcionado. Entonces ¿por qué señales de alerta no dejaban de sonar en sus tímpanos?
- Siempre me ha gustado la gimnasia, los ejercicios de suelo sobre todo. De pequeña deseaba más que nada en el mundo ser campeona olímpica. Pero mis padres me dieron tanto la vara con lo de que dedicara más tiempo a los estudios, que siempre habría tiempo para el deporte, que no he practicado mucho, y ahora ya es tarde.
- Aún podrías serlo, si de verdad lo quisieras. – le sugirió Cristian y ella le respondió con una radiante sonrisa casi cursi.
- No, que va. La edad es importante en la alta competición.
Jaime se embelesó con el mohín decepcionado de esa casi niña. Cortó en seco su sonrisa bobalicona sin dar crédito a su propio comportamiento.
- Bueno, siempre hay formas indirectas de lograr nuestros deseos. - Si había pretendido resultar interesante a Sofía le sonó pretencioso. – mujer, me refiero a la enseñanza. – se apresuró a aclarar cualquier posible mala interpretación. – Dicen que la mayor satisfacción de un maestro es que sus alumnos lo superen. Podrías ser la entrenadora de una futura campeona olímpica.
Jaime hizo un respingo con la nariz. Era un gesto de otra persona, esperaba que Cristian inconscientemente lo identificara y le recordara una conversación que había mantenido hacía unas horas. Era una técnica que estaba experimentando para casos de emergencia, telepatía inducida, y esta vez funcionó.
- ¡Qué casualidad! – Cristian había recordado – un profesor que viene por aquí me ha comentado hace un rato que le había tocado estar en el tribunal de las pruebas de acceso al INEF. Aun debe de estar abierto el plazo de inscripción.
Nadie notó el profundo malestar que empezó a recorrer el cuerpo de Jaime, que apoyó su brazo izquierdo en la barra hasta que tuvo fuerzas suficientes para salir a la calle. Se arrastró pared abajo hasta sentarse en la acera. Una mujer a su lado atisbaba indecisa a través de los cristales hasta que se decidió a entrar en el bar.
- Este año termino el bachillerato. Tío, ¡que fuerte!. Cristian, como pueda ingresar en el INEF te deberé la vida.
- Yo con un beso me conformo.
La entrada de la mujer interrumpió la escena. Sofía saltó de la banqueta corriendo alborozada a su encuentro.
- ¡Mamá!, ¿Ya has terminado las compras? No te vas a creer lo que tengo que contarte...
La conversación continuó en el interior pero las voces no eran más que un incomprensible murmullo atronando el cerebro de Jaime, que no pudo discriminar más que un grave y ralentizado "Adiós", cuando las dos mujeres salieron del bar y se alejaron con paso seguro dirección al coso.
Cristian echó el cerrojo sorprendido por el cambio de humor de su amigo. Lo conocía lo suficiente para saber que esa llegada intempestiva al bar significaba que buscaba acción.
- Mejor lo dejamos para otro día. – Jaime se había recuperado, pero se sentía exhausto.
- Como quieras. Me vendrá bien descansar. Aún no me he recuperado del finde pasado y mañana viernes otra vez.
Empezaron a caminar cabizbajos, en silencio. El asfalto recién regado refrescaba una calurosa noche que se anticipaba en un mes al verano.
- No tengo sueño todavía. ¿Un porro en el parque y a dormir?
- Hecho.
(Fragmento de la novela "Deseos")

martes, 1 de julio de 2008

COMPENSACIÓN

CAPÍTULO XI

Lola dejó de correr. Era inútil continuar, lo había perdido. El autobús de Línea empequeñecía cuanto más se alejaba de la parada. Se detuvo jadeante y sudorosa. Apoyó una abultada bolsa de deporte en el banco acristalado. Se sentó para recuperar el aliento y quitarse del sol de una calurosa tarde de septiembre. La cara entre las manos, los codos apoyados en las rodillas. La mochila le molestaba en la espalda. Se levantó y la dejó caer al suelo al lado de la bolsa. Sopesaba sus posibilidades. Hubiera podido volver al pueblo y coger el autobús al día siguiente, pero ya se había decantado por esperar al transporte escolar y pedirle al conductor que la llevara cuando una furgoneta se detuvo delante de ella. La conducía una mujer que empezó a girar muy despacio, frenó de nuevo y bajó la ventanilla. Ambas se quedaron mirando sin saber cual era el siguiente paso.
- ¿Te llevo a alguna parte?
- ¿Vas a Huesca?
- Claro.
Se levantó como impulsada por un resorte. Iba a dar la vuelta para subir por el otro lado, pero la mujer bajó de la furgoneta.
- Espera. Mejor ponemos el equipaje detrás, que iremos más cómodas.
- Pero yo no puedo pagarte. – comentó tímidamente la joven señalando con la barbilla el cartelito de SP unido a la matrícula.
- No te preocupes, ya no quiere decir nada. Es sólo que se me ha olvidado quitarlo.
Cuando abrió la puerta, algo metido en un trasportín de mascotas empezó a gemir.
- ¿Qué llevas ahí? ¿Un gato?
- No, mi perra.
- ¡Hala, qué maja! Es salchicha, ¿Verdad?
La mujer afirmó con la cabeza mientras ocupaban ya los asientos delanteros. La joven, vuelta hacia atrás, no dejaba de hacer caricias a la perrita a través de la portezuela enrejada.
- ¿Cómo se llama?
- Frida. Abróchate el cinturón, por favor.
- ¡Ah, sí! Qué casualidad que pasaras por aquí. He perdido el autobús y ya me estaba resignando a tener que volver a casa.
- En realidad no tengo ni idea de cómo me he salido de la autovía. Cuando me he querido dar cuenta estaba en una vía de servicios. Este pueblo se llama San Jorge, ¿no?
- Sí. – tras un momento de silencio, la chica añadió. - Es fácil que pase.
- ¿El qué?
- Salirse de la autovía. Sólo con que te despistes un poco...
¿Un poco? Amanda se dio cuenta de que desde que había salido de Zaragoza no había hecho otra cosa que pensar en sus asuntos. Había conducido con el piloto automático. Sofía volvía de nuevo a Madrid. El curso comenzaba y ella se quedaría de nuevo sola. Había disfrutado tanto con su hija durante el mes de agosto. Primero la cabaña del bosque y luego dos semanas de vacaciones en Galicia. Lo había sugerido Sofía. Dijo que no soportaba más estar en Huesca, que necesitaba salir de allí como fuera. El tal Cristian se escondía tras esta precipitada huída, seguro. Agradecida estaba a aquel desconocido mujeriego que le daba la oportunidad de iniciar una relación de amistad con su hija. ¡Cuántas cosas habían hecho juntas! Si hasta se había dejado convencer para hacer rafting. Desde que la Danza le había descubierto sus posibilidades físicas, Amanda había perdido gran parte de sus miedos.
- La verdad es que soy conductora novata – Había recordado que llevaba una pasajera, ya no podía despistarse, tenía que mantenerse atenta a la conducción – He estado a punto de decirte que te llevaba si conducías tú.
- Yo no tengo carné.
- Mujer, ya lo supongo. Era una broma. – Sonriendo añadió – Me llamo Amanda, ¿y tú?
- Lola.
- ¡Anda! Como mi madre.
- Bueno, mi nombre no es Dolores.
- ¿Cómo te llamas, pues?
La chica comenzó a tararear una vieja tonada. La mujer la miraba sin comprender.
- ¿No lo adivinas? ¿No conoces la canción? - Siguió tarareando.
- ¿Amapola? – Preguntó Amanda sonriente.
- Sí, tía, no te rías.
- Si no me rió. En realidad me parece un nombre muy curioso. Creo que no conozco a nadie que se llame así.
- No, ni yo tampoco. Me lo puso mi madre, que entonces debía de tener muy buen humor. Me contó que la primera imagen que recordó al despertar del Pentotal del parto eran los inmensos campos de trigo manchados de rojo que había visto desde la ventanilla del taxi camino del hospital. Se incorporó en la camilla gritando "amapolas" dándole un terrible susto al ginecólogo que exclamó "bonito nombre para una pelirroja, si señor", y así me bautizaron.
(Fragmento de la novela "Amanda Erosionada")

jueves, 26 de junio de 2008

BOCA

Beso que fue roto,
robado a traición en la comisura,
ambiguo y engañoso,
quizás malinterpretado.
Beso que duele en mi recuerdo por inútil ilusión.

martes, 24 de junio de 2008

NOCHE MÁGICA



El ruido del secador de mano impedía que Amanda escuchara con comodidad. Buena excusa. No tenía ganas de contestar las tópicas preguntas de su peluquera sobre su estado. ¿Cómo esperaban que se encontrara? Mal, se encontraba mal. Mejor dicho, sobrevivía.
Tras varios intentos fracasados, María había optado por unirse a la conversación de sus compañeras dejando a Amanda aislada en sus pensamientos. Frases sueltas llegaban a sus oídos.
- .... de la noche de San Juan ...
Se sorprendió con la constancia del paso del tiempo. Era la noche de San Juan. Noche mágica. Su noche, según le había dicho Ismael que la había llamado bruja. Se preguntaba si habría algo de verdad en esa afirmación. Desde cría le pasaban cosas, telepatía, casualidades, demasiadas coincidencias como para no sospechar que había algo más. Algo que no comprendía porque no lo controlaba, pero que tampoco le preocupaba porque resultaba inocuo. "Mala bruja", le regañaba su padre cuando era niña. No, y algo de razón ya tendría, pensaba Amanda, porque con lo que solía equivocarse, como bruja debía de ser bien mala.
- ... a la hoguera...
Lo oportuno de la sentencia provocó una espontánea carcajada en Amanda. María apartó el secador y se la quedó mirando extrañada.
- No, nada. – le explicó un poco avergonzada de esa risa nerviosa que le costaba dominar. – que me he acordado de una cosa, una tontería. Sigue, sigue secando. ¿Vas a Cillas esta noche?
La conversación se reanudó sin problemas a su alrededor. Amanda, aliviada, desconectó de nuevo a sus pensamientos.
Era raro que no la hubiera telefoneado Sara para invitarla a alguna fiesta como todos los años. Habría supuesto que no querría dejar sola a Sofía, porque por lo del luto no creía que hubiera sido. Ya la semana pasada le había comentado su estupor porque no echaba de menos a Nacho. Su cuñada le dijo que lo que le pasaba era normal, que todavía no había reaccionado, que cuando se relajara le llegaría la avalancha, que tenía que estar preparada, que a ella le había pasado lo mismo cuando lo de su padre..., pero Amanda seguía creyendo que no había sentido la muerte de Nacho todo lo que debería. Hacía ya un mes que era viuda, pero no se sentía triste. Se sentía como en "stand by", preparada, lista para no sabía qué. Ni siquiera estaba preocupada. Su vida había cambiado y todavía no sabía cómo iba a ser a partir de entonces, pero no le preocupaba.
(Fragmento de la novela "Amanda Erosionada")

domingo, 22 de junio de 2008

TEATRO

PERSECUCIÓN Y ASESINATO DE JEAN PAUL MARAT
Centro Cultural del Matadero. Junio 2007
De entre mis incursiones en el mundo del arte y la cultura, el Teatro ha sido, sin duda, la actividad que más fácil me ha resultado. Probablemente porque me he pasado la vida actuando. Hipocresía social de superviviente.

domingo, 15 de junio de 2008

TRISOCIACIÓN

CAPÍTULO IV

Jaime se convirtió en el mejor actor. Creó para sí e interpretó como un auténtico profesional un personaje frívolo, con sentido del humor, de opiniones irónicas sobre múltiples temas que conocía, y evasivas ingeniosas sobre los que fingía desconocer. Su condición de artista, a pesar de que nadie había visto ninguna de sus obras, justificaba sus excentricidades. Estableció su campamento de base en un bar del casco antiguo donde Cristian trabajaba de camarero, "El 31", de ambiente frecuentado por artistas y bohemios. Aprovechó su imponente físico, (atlético, moreno agitanado, ojos verdes marihuana), para conseguir el interés de todas las chicas. Cierta ambigüedad sexual calmaba los celos de los chicos que acababan teniéndolo como amigo y compañero de juergas. Era el invitado imprescindible. Cuando él aparecía estaba asegurada la diversión. Sabía escuchar y como evitar dar información personal. No tenía profesión conocida. Vivía de las rentas de un local que su abuela le había regalado cuando cumplió dieciocho años y desde entonces había sido alquilado como oficina de un agente intermediario de viajes. No estaba censado, no tenía carné de conducir, ni seguro médico. Gozaba de buena salud y llevaba sin alardes una vida sana que lo mantenía inmune a muchas enfermedades. Era su victoria personal. Disfrutaba escapando al control administrativo y social. Ni siquiera tenía teléfono móvil. ¿Para qué? Él siempre sabía donde encontrar a la persona que necesitaba, y era una gran ventaja la libertad de ser ilocalizable cuando le interesaba. Viajaba por la vida con poco equipaje, no soportaba lastres ni ataduras, y sentía terror por todo aquello que significara monotonía de costumbres, personas o sentimientos. Supuestas visitas a su desperdigada familia eran la excusa perfecta cuando necesitaba breves retiros por saturación o agobio personal.

Mientras tanto y a la sombra, se afanaba en dar los pasos necesarios para alcanzar su objetivo de cumplir los deseos que fomentaran el desarrollo cultural en su ciudad. Para vencer las dificultades que su personalidad de vividor le condicionaba, ideo una estratagema que se convirtió en el gran juego de su vida. Una doble vida. Las circunstancias del trabajo de Cristian y sus costumbres de horarios desordenados, le permitían campo libre de actuación. Creó un nuevo personaje, Juan Ruiz, que interpretaba con el virtuosismo de disfrutar del trabajo bien hecho. Había comprobado que en Huesca no suelen mezclarse los ambientes nocturnos y diurnos, además de que la gente solía agruparse en círculos muy cerrados por lo que sería difícil que lo descubrieran. Bastó sustituir sus postizas rastas rubias por unas mechas de pelo canoso que le daban un aspecto entrado en la treintena, gafas que encubrieran su mirada y adoptar un tono de voz más grave. Se convirtió durante el día en uno de los asiduos colaboradores de la sección musical del área de cultura de la Diputación Provincial. Esto le llevaba a asistir a presentaciones de libros, exposiciones, conferencias y festivales. Mucha información de primera mano se obtiene degustando canapés.
¡Cómo facilita las cosas pertenecer al engranaje social! Tener libre acceso para manipular la convocatoria de becas, presupuestos para proyectos culturales, subvenciones que permitían realizar los deseos de los artistas más emprendedores y con ideas más vanguardistas. Como condición: sólo realizaría uno por persona. Adiós al trabajo indiscriminado. Todo el mundo tendría su oportunidad, pero única, que fueran ellos mismos los que eligieran. Que tengan éxito quienes mejor formulen sus deseos o más claras tengan sus opciones.

Más de dos años pasó llevando esta doble vida oculta, banal de fiestas y copas, altruista en bibliotecas, oficinas y despachos. Llegó a sentir el vértigo que produce el poder. Sentirse en cierta manera dueño del destino de los demás, de toda una ciudad. En realidad, todos eran libres, todos podían decidir, pero él modificaba su futuro dándoles a conocer algo que tal vez nunca habrían descubierto.
Nadie llegó a sospechar que el cumplimiento de sus deseos tuviera su origen en Jaime, incluso algunos de los beneficiados sentían por él un desdén cercano al desprecio. Muchas veces tenía que apretar los dientes y ver como algunos aprovechados admitían, para sí mismos, méritos que sólo le correspondían a él.

La posibilidad de metamorfosis lo embriagó hasta el punto de plantearse un nuevo reto. Convertirse en Juan había resultado muy fácil, pero, ¿hasta que punto sería capaz de engañar a sus propios amigos? Tenía una asignatura pendiente, conocer la vida desde el prisma femenino, convertirse en una mujer. El maquillaje tostado de argelina afincada en Toulouse, añadido al tenebrismo de las luces nocturnas le ayudaban a disimular su escaso hirsutismo. Las ropas adecuadas trasformaban sus músculos en voluptuosas curvas coronadas por una magnífica peluca de melena morena recién alisada en la peluquería. Las horas pasadas de niño bailando con su prima Diana le ayudaron a adoptar un sensual caminar. Una faringitis crónica justificaba la ronquera que disimulaba su voz. Así nació Aisha, un pedazo de mujer, que llegaba a Huesca becada por la Comunidad Europea para desarrollar un innovador proyecto de fusión de música africana y "Techno".
No necesitó desplegar muchos encantos sino aprovechar bien las oportunidades para conseguir debutar una noche de sábado como nueva DJ en "El 31". Por fin esa ciudad iba a conocer su talento musical, Huesca sabría lo que era disfrutar de la faceta creativa de Jaime, iba a bailar al son que él les marcara. Tras unos fines de semana varios disco bares empezaron a disputarse la actuación de Aisha. Había llegado el éxito, la fama.

(Fragmento de la novela "Deseos")

sábado, 14 de junio de 2008

FRED


Desde que estás conmigo, se que algún día podía pasar. Amenaza omnipresente contra tu débil columna producto de la selección en mano humana con licencia para obrar a su antojo. Maldita angustia que me hace sufrir con los primeros indicios lo que aun puede tardar. No te preocupes, amigo, cuando las drogas ya no calmen tu dolor, tendré contigo piedad privilegio de caballos.

miércoles, 11 de junio de 2008

EROSIÓN

Porque más que enamorada, estoy EROSionada

sábado, 7 de junio de 2008

NARCISO



El joven enamorado de sí mismo se había ahogado en un lago al intentar besar su propia imagen reflejada en las cristalinas aguas. El último suspiro había envuelto su alma en una pequeña burbuja de aire que ascendía oscilando suavemente. Al alcanzar la superficie y durante un efímero instante, el alma se vio reflejada en cada una de las pequeñas perlas transparentes salpicadas por la espuma y Narciso fue inmensamente feliz.
Venus desde el Olimpo contemplaba la escena. El placer del egocéntrico amante la divirtió rompiendo su tedio, y se apiadó de él. No en vano el amor propio de Narciso era tan profundo que había sobrevivido a la muerte. Decidió darle una nueva oportunidad aceptada como un reto contra el escepticismo de Marte. Al cuello llevaba una pequeña urna de oro en forma de corazón. La soltó de su cadena, guardó en ella el alma de Narciso y la depositó en el espejo del lago. Dotó de vida a la joya convirtiéndola en un hermoso cisne dorado, que contemplaba eternamente su reflejo en el agua. Narciso únicamente podría recuperar su alma cuando sintiera verdadero amor por alguien que no fuera él mismo.
Su cuerpo yacía exánime en el lecho del lago. Sólo lo abandonaba durante las noches oscuras y los días nublados o lluviosos, cuando no había sombras y apenas brillaban los reflejos. Entonces nadaba desesperado hacía la orilla, pero no buscaba el amor. Echaba de menos tanto su propia imagen que se sentaba bajo la copa de un viejo roble. Esperaba ese instante de luz que precede al alba y que le devolvía, durante una fracción de tiempo insignificante, su reflejo tan añorado desde la tumba.
(Fragmento del cuento "Espejismos de amor")

miércoles, 4 de junio de 2008

DANZA CONTEMPORÁNEA


- ¿Y tú Amanda? ¿A qué taller te vas a apuntar?
La mirada directa y maliciosa de Ismael cogió a la mujer por sorpresa. Hacía un rato que despistada no escuchaba. La conversación la había puesto nostálgica. Se recordaba a sí misma a la edad de su hija. Inquieta, con ganas de hacer cosas, de aprenderlo todo.
- ¿Quién, yo?
- Sí, claro. También debe de haber una oferta que te atraiga a ti, ¿no?
- Bueno..., alguna, pero es que no se me había ocurrido que yo pudiera inscribirme.
- ¿Por qué?
- ¿No son actividades programadas para jóvenes?
- No hay límite de edad. – Ismael negaba con la cabeza, desafiante, provocativo.
- Venga sí, mamá. Sigue tus propios consejos. ¿No estás siempre con lo de que hay que desarrollar aptitudes?
El peso del argumento de Sofía no dejaba lugar a excusas.
- Tienes razón. Déjame que vuelva a leerlos. – cogió el folleto, pero enseguida se lo devolvió a su sobrino con gesto desdeñoso. – Anda Gelo, léemelo tú, que no veo bien esta letra tan pequeña.
- ¿Por qué no vas al oculista, mamá? Está claro que necesitas gafas.
- Si ya las tengo, que fui la primavera pasada.
- No sabía nada. – se extrañó su hija - ¿Y por qué no te las pones?
- Porque veo perfectamente.
- Venga mamá, si el otro día sacabas medio palmo de lengua para enhebrar la aguja.
- Anda, déjame en paz y ríete de tus cosas.
Amanda reaccionaba con suspicacia a los sarcasmos de su hija, sin llegar a enojarse. Era verdad que puntualmente necesitaba esas gafas, pero la mayor parte del tiempo se apañaba bien sin ellas, le daba pereza ir a buscarlas para un momento. Además no le gustaba como le sentaban, no le favorecían, parecía la profesora que nunca había llegado a ser a pesar de haber terminado la carrera con muy buenas notas.
– Gelo, cariño, léemelos tú, - Lo pedía exagerando adrede el tono de voz para remarcar su ironía - tu anciana tía no puede ver bien estas minúsculas palabras escritas sobre fondo oscuro.
El muchacho empezó a titubear la lista de actividades. Estaba claro que tenía serios problemas para leer. Todo habían sido malos augurios en la escuela y en el instituto, dislexia. Sin embargo, Amanda intuía que su sobrino no tenía ningún problema en el cerebro, sino en el alma. Algún día su mente encontraría la forma de romper las barreras que le impedían crecer, sólo era necesario que llegara el estímulo conveniente.
- ...Res... tauración..., Cerámica,
- Ese, ese me gusta. Siempre he oído decir que la cerámica tiene algo especial, que te engancha. Hablan de ella como de un placer físico y mental, de la relajación que te produce la continua caricia del contacto con el barro y el agua, el placer de la creación emergiendo de tus propias manos...
Amanda se calló. Los tres jóvenes la miraban expectantes, subyugados. Su explicación y sus gestos habían sido tan expresivos que había contagiado sus sensaciones a los demás. Isma, sentado a su lado, fue el primero en reaccionar.
- Eso está muy bien. Pero, ¿por qué no pruebas algo más dinámico? ¿Por qué no te apuntas a Danza Contemporánea?
- Venga sí, mamá, danza sería estupendo.
-¡Pero que decís! ¿Estáis locos? ¿Cómo voy a apuntarme a danza si no se bailar? – Bromeó unos pasos para zafarse de la cuestión. – Vosotros lo que queréis es verme con tutú.
- Que no estamos hablando de ballet, Amanda. – Isma la sacó de su error. – Es Danza Contemporánea. No es una disciplina tan estricta como la clásica. Estoy seguro de que la puedes hacer.
- ¿Empezar a bailar?, ¿tú sabes la edad que tengo?
- Treinta y nueve. – Afirmó Ismael. - ¿No te acuerdas que rellené tu ficha para los masajes en el Salón? Eres joven, resistente y de movimientos felinos a pesar de algún kilito que te sobra. Tienes las condiciones físicas idóneas para ser una buena bailarina.
- Di que sí, que yo se lo llevo diciendo años. Que si hiciera un poco de deporte se pondría estupenda y se sentiría mucho mejor. Pero claro, como soy su hija no me hace ningún caso.
- Que te digo yo que no, que no se bailar, que no tengo sentido del ritmo, que hasta en las discotecas resulto sosa.
- Eso es porque todavía no has encontrado tu propio ritmo. Cada uno tiene el suyo, y estoy seguro de que el tuyo nace de muy adentro. Ya verás, ven un momento... – le propuso el mulato alargando el brazo invitándola a levantarse.
- ¿Adónde? – La mujer había accedido sumisa tendiéndole la mano solicitada, pero mantenía su reticencia.
- Al salón. ¿De que tienes miedo Amanda?, ¿no te fías de mi?
Algo en su mirada la convenció. Caminó decidida hasta el centro de la habitación seguida por todos incluida su perra, que siempre notaba cuando algo especial iba a ocurrir. Isma retiró la mesita de té consiguiendo así más espació libre.
- Gelo, coge el darbuka y comienza un canon tribal, lento pero que no te duermas. – el muchacho obedeció inmediatamente. – Y tú, Sofía, coros y palmas, como hemos hecho otras veces.
La música empezó a sonar, envolvente, cálida. Isma tomó la mano derecha de Amanda y la acercó abierta por la palma hasta su propio pecho.
- ¿Notas los latidos? – La mujer afirmó con la cabeza, incapaz de hablar. El contacto del pecho masculino la turbaba a la vez que la rendía. Su confianza en Ismael añadida a la certeza de su eficacia le pedían a gritos que se dejara llevar. - Este es mi primer ritmo, el de mi corazón. – Llevó después la mano de Amanda hasta su propio corazón. – Y este es el tuyo. Siéntelo. ¿Son iguales?
- Sí, pero no.
- Eso es. Los dos suenan igual, pon - pon, pon – pon, pero no tienen la misma frecuencia.
- Claro.
La obviedad de la afirmación empezó a desanimar a Amanda en sus expectativas. Intentó desasir su mano, pero Ismael la retuvo.
- Espera, ¿dónde vas?, no tengas prisa. En la danza pasa lo mismo. Todos tenemos nuestro propio ritmo, nuestra frecuencia, que además la podemos variar y adaptar a nuestro antojo. Sólo es necesario seguir y no olvidar el pon – pon de los tambores.
Asió ambas manos de la mujer en alto y empezó a dar pasos en redondo obligando a girar a Amanda que poco a poco dejó de resistirse y empezó a disfrutar del baile. Se dejaba hacer riéndose, siguiendo las vueltas y los giros que su pareja le indicaba. El joven se colocó a su espalda y la asió por las caderas.
- Eso era fácil, seguro que lo habías hecho miles de veces de niña en tus juegos. Ahora vamos a intentar alguna variación.
Con las manos empezó a amasarle el talle. Cadencias a la derecha y a la izquierda hasta que Amanda asimiló el nuevo ritmo. Entonces y con suavidad le estiró los brazos formando unas alas y empezó a acariciarlos de arriba abajo lenta y suavemente. Sus manos eran el único punto de contacto entre ellos, pero la mujer era consciente de la integridad del cuerpo humano que se mecía tras ella. Se sentía extasiada en la mística hipnótica de aquella armonía.
- ¿Lo ves?, la danza también te proporcionará el placer del contacto físico.
Cuando se detuvo al llegar a las axilas, Amanda sintió el aliento cálido de Ismael en su nuca. Se apartó sobresaltada, la magia había cesado.
- ¡Mamá, has estado estupenda! – Sofía miraba a su madre con el brillo en la mirada de quién acaba de disfrutar de un espectáculo.
- Sí, tía, eres la mejor. – Gelo silbaba y aplaudía dando rienda suelta a su entusiasmo.
- Baila otra vez mamá, por favor, un poquito más.
- Venga, dejaos de tonterías. Me voy a la cocina que tengo trabajo.
Una furtiva mirada le confirmó que Ismael había notado su turbación.
(Fragmento de la movela "Amanda erosionada")

martes, 3 de junio de 2008

TU ÚNICA AUSENCIA



Tirada en el sofá, mi mirada vaga.
Las telarañas abrazan
 cuadros que en otra vida pinté.
Y todavía me gusta ese bodegón.
El reloj cuenta, sin prisa, los segundos
que me van separando de usted.
Lo escucho sin entender,
no hace tic tac, sólo dice clock.


No quiero creer que mi destino
sea olvidarme de usted.
Yo, que tan pocas veces le fallé.
Me resisto a aceptar el desatino
de seguir muriendo sin usted.
Que no se diga que no lo intenté
Un suspiro de angustia y de nuevo
las telarañas de la pared.


Tirada en el sofá mi mirada vaga
sin ver la suciedad que enmaraña
los cristales de mi ventana.
No me atrevo a buscar el cielo
prefiero jugar con las sombras del techo.
Manchas que olvidan viejos sueños
Mientras mi perra dibuja
test de Roschard en el suelo.


No quiero creer que mi destino
sea olvidarme de usted.
Yo, que tan pocas veces le fallé.
Me resisto al desatino
de seguir muriendo sin usted.
Que no se diga que no lo intenté.
Un suspiro de angustia y de nuevo
las telarañas de la pared.


La gente que vive en mi tele grita más que yo.
Que se callen ya.
Se de memoria un número de teléfono
que no voy a volver a marcar.
Decisión que juro en vano respetar.
Oídos sordos a la evidencia.
Estoy demasiado sola para llorar
una única ausencia.
(Canción todavía sin música)

BUENA PREDICCIÓN


Scherezade está cansada. 1001 noches sin dormir pesan como una condena. Tiene sueño. Está harta de inventar cuentos. Siempre temiendo que el sultán se canse de ella, que alguna de sus historias no sea de su agrado, que ordene su muerte. Decide que basta ya, ni un día más de soportar la angustia de la espera. Pero tiene miedo. Recuerda la leyenda de las atroces muertes de sus antecesoras. Ella quiere decidir su forma de morir, que sea dulce. Toma un tóxico suave, un veneno amable que la duerme en un sueño del que nunca despertará.
Durante el transito, en ese momento en que la vida se resiste a abandonar su morada, la muerte la reconoce y la saluda con alegría:
- ¡Hombre, Scherezade! ¡Cuánto me alegro de verte! Tantas noches como he acudido al palacio temiendo que fuera necesaria mi intervención, tantas noches como he disfrutado con tus historias, y ahora estás aquí conmigo. No me lo puedo creer. Scherezade, por favor, cuéntame un cuento.
La mujer no da crédito a lo que le está pasando. No puede ser, no tiene ganas de contar ni un cuento más. Mira a la muerte. Es un joven hermoso. Se le ve ansioso, pendiente de sus labios, de sus palabras. Está claro que no va a dejarla descansar. Su mente sigue aturdida por el veneno y no recuerda bien sus historias, necesita que la muerte le eche una mano:
- ¿Cuál quieres que te cuente?
- ¿No puedes inventar uno nuevo?
- ¿Ahora? Compréndelo, estoy muerta de cansancio. Preferiría contarte uno de los que ya me sé.
El joven parece conformarse. Su rostro se ilumina por un instante, sonríe:
- Cuéntame el de Aladino, creo que es mi favorito.
Scherezade comienza su narración, pero a pesar de su esfuerzo no recuerda exactamente la historia. La muerte la mira cercana al enfado, como si dudara de que la mujer le estuviera tomando el pelo.
- Pero ¿qué me cuentas, Scherezade?, la historia no era así. Aladino frotaba una lámpara maravillosa, la jarra de aceite pertenece a otro cuento.
- Perdóname, no lo recuerdo muy bien. ¿Podrías ayudarme?
La muerte accede. Empieza el cuento y descubre el placer de narrar, de escuchar su propia voz. Repite las historias que tanto le gustaron. Se enreda en monólogos consigo mismo, cambiando, mejorando los argumentos. Scherezade, a su lado, por fin puede dormir tranquila.
Muchas noches han pasado, años enteros, incluso siglos. Cuando la mujer se despierta, la muerte es agradecida y la ha devuelto a la vida, es el verano del año 2002 en la tierra. Un importante regalo se ha traído consigo de este viaje anclado en el tiempo. Más de mil cuentos recopilados. Historias preciosas que pronto se convierten en "best sellers" dándole fama y fortuna a la mujer que, paradójicamente, empezó a crearlas intentando retardar su encuentro con la muerte.

(Cuento perteneciente a la colección "FINALES FELICES")

UNA VIDA DE SEGUNDA MANO


Capítulo I

Diana se sentía cansada y derrotada, como si hubiera perdido una partida importante con la vida. Le daba lo mismo que hubiera sido porque había recibido una mala mano o porque no había sabido jugar bien sus cartas. Poco importaba ya, siempre había sabido perder. Había necesitado nueve meses de soledad ermitaña en el campo para restablecer su cuerpo y su mente. Tenía casi treinta y nueve años, el alma vendida y el corazón hecho pedazos, pero empezaba a sentirse como si se hubiera parido a sí misma. Los dolores se calmaban y la esperanza de sentirse viva empezaba a asomarse de nuevo a sus ojos.
La tranquilidad matinal de la torre se vio interrumpida por el repiquetear del teléfono de época que colgaba de la pared del vestíbulo.
- Sí, ¡ Dígame!
- ¡Hola, Diana!. Soy Sara.
- ¿Sara?- se notaba la duda en el tono de su voz.
- ¿No me reconoces? - Ningún sonido al otro lado del cable - chica, Sara..., Sara Labadía...
- ¡Ah, Sara! – un suspiro mezcla de alivio al reconocerla por fin y de incertidumbre, ¿Cómo podía haber dudado al escuchar ese nombre? – perdona, estaba esperando una llamada y... – mintió para excusar su olvido.
- Ya veo que sigues en el pueblo.
- Sí, aquí estoy bien. Mucha tranquilidad.
Era difícil iniciar la conversación después de tanto tiempo.
- Ya sabes que soy una mujer decidida y no me gusta andar con rodeos. Tengo una proposición que hacerte. ¿Qué te parece si me cojo el coche y me paso por tu casa.? – continúo sin dar apenas lugar a respuesta. - Tengo la tarde libre. Podríamos ir a comer a algún restaurante y hablamos.
- Tengo una idea mejor. Empezaba a preparar la comida. Te espero y podemos pasar la tarde en la piscina al sol.
- Vale lo de la piscina, Diana, pero tú siempre has tenido fama de cocinar fatal.
- No te preocupes, - risas sinceras - en estos meses de enclaustramiento algo he aprendido. Las ensaladas me salen exquisitas.
- En tres cuartos de hora estoy allí.

(Fragmento de novela inacabada)