domingo 22 de noviembre de 2009

AMIGO ENTRE NOVIAS


Él se acercó rodeandome a modo de sorpresa, acompañando su ¿qué tal? botellín en una mano para él, coca-cola en la otra para mi. Había sabido elegir su entrada y, aunque se evitaron obvios comentarios, fue fácil celebrar el retorno. Poco importan los reproches no dichos y si ya nada es lo mismo, ¿para qué recrear mediocres sentimientos?
Ella ni siquiera alargó su brazo para saludar mi espalda. Yo tampoco esperaba más, hace tiempo que conozco el valor de mi amistad en su escala de mezquindades.

lunes 26 de octubre de 2009

Y VICEVERSA

¿De qué se puede hablar cuando te encuentras con un fantasma?

domingo 11 de octubre de 2009

ACTO DE SERVICIO

video

viernes 9 de octubre de 2009

ECOS DE SOCIEDAD

¿Quién le iba a decir a Sunny Koffy que el día de su boda se iba a sentir tan humillada?
Y es que puede que aquí fuera una extranjera, pero en su país, Sunny era una diosa caribeña.
Haber conseguido una beca artística de cooperación internacional era un sueño hecho realidad.
Poder pintar libremente en aquella lujosa mansión del Valle del Sol junto a Isidro Langerak, un violinista eslavo, y Sam Sekemoto, un escritor japonés de novelas de ciencia ficción, eso ya era un regalo divino.
Y todo esto bajo el mecenazgo del millonario Gobias Koffi, su reciente marido.
Una boda de cuento de hadas que ni siquiera había podido interrumpir el incendio que se provocó en la barbacoa del jardín zen, justo en el momento en que ellos intercambiaban sus anillos.
Y en el día más mágico de su vida, Sunny iba a tener que soportar ver como el anciano rey con el que se acababa de casar, su idolatrado marido, ¿coqueteara con esa bruja de Morgana Wolf?
Para el Sun Valley Times, Agnes Culoprieto.

miércoles 23 de septiembre de 2009

HABLANDO CON LA CASA

Algunas veces crear una obsesión positiva o fácilmente disociable de la realidad es el mejor antídoto contra la depresión.

Intentando sobrevivir a una vida sin ilusión que no la lleva más que a la más profunda tristeza y a la soledad, una mujer abandona a sus amigos, su trabajo y su hogar. Haciendo acopio de víveres, se encierra para cuidar de la casa vacía de unos conocidos que se han ido de vacaciones.
Por su propio deseo no se lleva nada que pueda recordarle su pasado. Ni música, ni libros. Desconecta televisión y teléfono. Sólo quiere seguir ahondando en su obsesión con la esperanza de saturarse y verse libre, o enloquecer por completo en el intento.
Los quehaceres cotidianos de su nueva vivienda entretienen su tiempo pero no llenan su pensamiento, pronto la monotonía vuelve a sumirla en la angustia de una vida sin salida. No pasan muchos días antes de que la necesidad de comunicación haga insoportable su enclaustramiento.
Decide escuchar únicamente el silencio intentando crear una nueva forma de comunicación.
En primer lugar se evidencian los ruidos exteriores, los provenientes de la calle, que están presentes durante la mayor parte del día: el sonido de los motores de los coches y de las motos que hacen incluso temblar los cristales de las ventanas, las campanas de la iglesia cercana, obreros trabajando, rumor de voces, gritos aislados, perros que ladran.
Por la noche el tráfico se amansa, es entonces cuando emergen con mayor intensidad los sonidos interiores de la propia casa: el taconeo de la vecina del piso de arriba, puertas que se cierran, el crujir de las paredes por cambios de temperatura, el viento en las persianas, baldosas que se mueven al pisarlas, el correr del agua de las cisternas, toses en el baño.
Imagina y empieza a creer que puede comunicarse con la casa. No está segura de si es ella la que necesita hablar aunque sea con un ser inanimado, o es la vivienda la que tiene interés en contarle algo. ¡Qué más da una duda tan trivial cuando intentas librarte de la depresión!
Poco a poco establece con ella un código de señales muy sencillo, un ruido aislado quiere decir sí, dos quieren decir no. Al principio no está demasiado atenta, pero las primeras casualidades la hacen sonreír con un rictus de lacerante ironía. Le resulta curioso que cuando más necesita oír un sí haya sonado una vez el claxon de un coche, y cuando sus pensamientos la llevan por el camino de la desesperación, un ligero doble taconeo le diga no.
La mujer sabe que esta comunicación no es real, que no es más que un sin sentido, un juego, pero es tan fácil seguirlo. Le empieza a resultar tan reconfortante que decide continuar su conversación surrealista con la casa. Con el tiempo identifica nuevos mensajes, un sonido estridente continuo le dice que anda perdida, que debe replantearse la dirección de sus pensamientos. Un sonido retumbante, como si se tratara del redoble de tambores en un circo, le anuncia una verdad, una idea clave que se avecina...
Su continua divagación conversando con la casa evoluciona de múltiples maneras, incluso llegan a gastarse bromas, chispas de felicidad en el corazón de la mujer, que se siente amada, importante. Su humor cambia. Empieza a sentirse con fuerzas para enfrentarse de nuevo a la vida diaria, pero todavía convalece de su reciente depresión. Además, en ella se ha despertado gran interés por su relación con la casa. Aunque se reconoce agarrada a un clavo ardiendo, como un niño que ha creado un amigo imaginario para huir del miedo y la soledad, decide quedarse unos días más. Sabe que no es más que una excusa para retardar su vuelta al mundo, pero se encuentra tan dolorida que necesita mimarse un poco y lamer sus heridas.
Con sus escasos conocimientos científicos elabora una teoría según la cual, aunque la comunicación con los seres inanimados es imposible para la mayoría de las personas, ella es una privilegiada capaz de traspasar los umbrales comunes de percepción. Sabe que los demás la llamarán loca, pero en todo caso es la locura que ella misma se ha creado y no a la que se veía empujada por esa sociedad que tan hostil le era. Sentirse especial, tan único y diferente como cada uno de nosotros somos en la vida. Imprescindibles e irrepetibles.
De momento, ella, ya ha encontrado esperanza, un sentido a su vida, contar su experiencia, su victoria, por si a otros les sirve de ayuda. Con la serenidad del tahúr que esconde un comodín en la manga, abre la puerta de su casa y deja que el aire libere su alma.
(Cuento perteneciente a la colección "finales felices"

sábado 15 de agosto de 2009

SODOMA - NAGASAKI

"Bombas reales", fotografía de María Estrada Mallén Escartín.
Vivimos en un época en la que todavía se celebra en la paz como se declara la guerra, utilizando las mismas armas.
Y a mi me viene a la memoria el paralelismo de estas cuatro ciudades, Sodoma - Gomorra, Hiroshima - Nagasaki, tristemente notorias y emparejadas en la historia por haber sufrido desgracias similares.
Las conclusiones podrían ser multiples y variadas, os invito a que las añadais como comentarios y anoto la primera:
-¿Qué tienen en común Dios y el tío Sam que ambos se permiten aniquilar ciudades enteras a golpes de bolas de fuego?

viernes 7 de agosto de 2009

ALTERNANCIAS

video

(Video-clip realizado con ilustracones de la novela "Amanda Erosionada")

sábado 1 de agosto de 2009

DESIDIA

El ácaro que vive en mi polvorienta repisa
sabe que me entretengo con cualquier tontería.

lunes 27 de julio de 2009

GRIS


... Se entretuvo en observar el local desde esa posición poco habitual. Le gustaba mucho la cuidadosa decoración de “El Kibalion”. Era un bar que no le importaría tener. El atrezo recreaba con detalle el interior de un castillo medieval. El rincón donde ella se encontraba bien hubiera podido ser la capilla. Incluso tenía un pozo natural que estaba cubierto con un cristal que dejaba ver el interior. Amanda descubrió que en el dintel del arco sobre el pozo había una inscripción labrada directamente en la piedra. Se acercó para leerla. Se tuvo que agachar ligeramente porque la escasa luz no facilitaba la lectura. En esta posición estaba cuando Silvia la llamó desde la barra.
- ¿Lo de siempre?
Afirmó con la cabeza mientras volvía a su banqueta.
- Nunca había leído lo del arco. Está bien.
- Es un pensamiento hermético.
- ¿Quieres decir por cerrado? – no había entendido el comentario.
- No, por Hermes Trismegisto.
- ¿Por quién?
Amanda se creía medianamente culta, sin embargo no había oído ese nombre en su vida. Sonsacó a Silvia hasta que se informó lo suficiente como para comprender a grandes rasgos el concepto de su filosofía.
- Resumiendo “nada existe si no existe su contrario”. Para que exista el bien tiene que existir el mal.
- Pues yo no se si estoy muy de acuerdo.
- ¿Con qué no estás de acuerdo tú?
Virginia había llegado con un paquete que dejó sobre la barra. Le dio un cariñoso besó en los labios a Silvia, que empezó a desenvolver su cena. Se acercó una banqueta a la de Amanda, a la que saludó con un par de besazos.
- ¿Con qué no estabas de acuerdo? ¿Qué le preocupa a esta cabecita loca?
- No, nada. Hablábamos de filosofía. – le contestó señalando con la punta del pie el párrafo del Kibalion.
- Es una verdad como un templo.
- Yo no estoy segura.
- Hombre, está claro que conocemos lo bueno porque también conocemos lo malo.
- ¿Os acordáis de ese libro de Milan Kundera que tocaba este tema? – preguntó Silvia con la boca llena. Casi había terminado de devorar su bocadillo – ¡Ay!, no me acuerdo de cómo se titulaba... era muy largo...
- “La insoportable levedad del ser”. – Le apuntó Amanda cuando se dio cuenta de que no iba a recordarlo por sí misma.
- Eso. ¿Os acordáis de lo qué decía? – afirmaciones con la cabeza que no le impidieron continuar. - De lo de la dicotomía, de la atribución de bondad o maldad a cada uno de los contrarios.
- En eso es en lo que no estoy yo de acuerdo. Yo creo que cada cosa es única y diferente, por lo tanto contraria entre comillas a todas las demás. – Era la primera vez que Amanda se argumentaba este pensamiento, pero le gustaba. Comprendía perfectamente el concepto de lo que iba a decir, y estaba de acuerdo. - ¿Por qué lo contrario de lo bueno tiene que ser lo malo? ¿No lo serán también lo regular, lo neutro, lo muy bueno, lo excelente o lo mejor?
(Fragmento de la novela "Amanda erosionada")

domingo 12 de julio de 2009

SUPERACIÓN

Erase una vez una maestra que les explicaba a sus alumnos que el éxito del buen maestro radicaba en conseguir que sus alumnos lo superasen.
La Emérita miró a su profesora de danza. Notó levemente su pasiva oposición quizás temiendo que ella se decidiera a hablar de un momento a otro.
¿Para qué? Que se relajara, hacía un rato que había decidido que iba a callar. Todavía le sobraba roja pasión para asegurarse de que todo lo que le dijera fuera objetivo, y quería ser certera.
Además, una persona inteligente sabe reconocer la inteligencia ajena, y ella se complacía en confirmarse que su profesora de danza lo era. No le apetecía rebatirla dándole así la calificación de "buena maestra", porque era evidente que este año la Emérita había superado a su profesora de danza. Ella se había dado cuenta, su profesora de danza probablemente también.
¿Para que provocar una victoria?, hubiera sido fácil, pero le dolían los sentimientos que este triunfo le habían costado. Ver como su profesora se negaba a ensayar completa la coreografía de parejas. Ella la recordaba, la profesora la había olvidado, y prefirió no hacerla antes que pedirle ayuda a la Emérita , cuchicheando la excusa de la torpeza de sus compañeras bailarinas, para más INRI. Tampoco quiso escuchar la puesta en escena que ella había creado.
En realidad la Emérita prefirió callar herida como estaba cuando sólo hubiera bastado una frase para aniquilar a un contrario digno:
- ¿Sabes?, me gustaba más mi versión.
Y ese era el problema, a su profesora de danza le faltaba dignidad.

miércoles 24 de junio de 2009

NOCHE DE DESEOS


¡Cuántos deseos desperdiciamos de jóvenes¡
Sentimos nuestro corazón henchido de ideas filantrópicas y nuestros pulmones a punto de estallar hasta que vomitamos nuestra rabia. Deseamos cosas abstractas como la paz, la solidaridad, la felicidad, la justicia ... Y son deseos utópicos porque luchan contra los deseos de otras personas. ¿Quién decide qué intereses son prioritarios?, ¿Cuándo es justa la paz?. La felicidad de unos puede causar la desgracia de otros.
Jaime se sentía impotente en estos casos. Había visto a sus compañeros de facultad movilizados tantas veces en campañas, sentadas, manifestaciones pidiendo la paz, demandando la intervención bélica en apoyo de la paz, en contra de las drogas, a favor de la legalización de las drogas ... Muchas veces había pensado que la gente necesita rebelarse, discutir por discutir, tener rivales para disfrutar del placer de vencerlos. Ponerse continuamente a prueba para llegar a sentirse superiores.
(Fagmento de la novela "Deseos")

martes 9 de junio de 2009

MÁS DANZA

"Danza Contemporánea", fotografía de Leticia Cabrada
Al otro lado de la línea telefónica la voz de Sara se extrañó de su tardanza.
- Pero, chica, ¿dónde estabas?
- En la peluquería, hacía días que necesitaba un tinte.
- Pues mira, hoy era el día indicado. Esta noche vístete guapa porque nos vamos de fiesta.
- Sara no, que no estoy para fiestas. Vamos, ni me parece indicado, que sólo hace un mes que ...
- A ver, Amanda, que no te estoy proponiendo que te corras una juerga. Lo que te estoy diciendo es que esta noche hay una función que me gustaría que vieras.
- Que te aseguro Sara que no tengo ganas de nada. Además no quiero dejar sola a Sofía.
- En eso ya he pensado. Angelito no tiene que ir a clase mañana, ya está de vacaciones. Irá a pasar la noche con su prima. Han estado haciendo planes para pedirse una pizza y ver una peli. Amanda, por favor, tendrás que volver a salir a la calle un día u otro.
- ¿Y qué clase de función quieres que vayamos a ver?
- Te gustará. Es una versión de “El amor brujo”, de Falla. Se trata de un homenaje a María Luisa Jiménez, ¿te acuerdas de ella?
- No, no recuerdo a nadie con ese nombre.
- Bueno, es que ya es una anciana. Fue directora del antiguo Círculo Cultural Medina de la Sección Femenina.
- Que no, que no. No creo que la conozca.
- Seguro que la has visto alguna vez porque también es clienta de Doña Rosa. Yo desde luego he coincidido con ella a veces. Ya me lo dirás esta noche cuando la veas en el homenaje. Es una mujer menuda, con moño blanco inmaculado. Anciana pero con garbo, ¿me entiendes? Que se le nota que los tiene bien puestos.
- ¡Ah, sí!, algo me suena.
- Bueno, pues resulta que fue artista allá por los años setenta. Bailaora de flamenco, y creo que también hacía sus pinitos cantando. No era famosa, pero sí muy apreciada entre los puristas. Estrella Torres, una nieta suya, va a representar uno de sus espectáculos con motivo de su octogésimo aniversario. Mira que cuesta decir la palabreja: “oc-to-gésimo”. – Amanda no decía nada así que Sara continuó. – Vendrá su familia que está esparcida por medio mundo. ¿Te acuerdas de Diana?
- ¿De quién?
- De Diana Torres. Estudiaba conmigo. Hizo periodismo. Una chica muy morena, bajita, muy guapa.
- No, no, creo que no la conozco.
- Pero chica, que tienes que acordarte, que solo tiene un año menos que tú, que en aquella época nos conocíamos todas en el colegio. ¡Ah, bueno!, ahora que me acuerdo, una tía suya comparte despacho con el abogado de tu compañía de seguros. María José Torres, habrás visto su nombre en la placa de la puerta. – El silencio al otro lado de la línea no confirmaba la información, Sara siguió hablando. – Desde luego, Amanda, no se en qué mundo vives. Se podría escribir un artículo sobre ti. “Como vivir toda la vida en Huesca sin saber quién es quien”. – Amanda no tenía nada que decir. Sara le preguntó con convicción. – ¿Vas a venir al espectáculo o qué?
No pudo negarse. Sabía que todos los planes habían sido tramados a sus espaldas. Sofía y su primo disfrutarían de una velada a solas, no la necesitaban ni agradecerían su compañía. ¿Y ella? Bueno, hacía un mes que se había quedado viuda. Hora era de saber cómo seguía el mundo de los vivos.
(Fragmento de la novela "Amanda erosionada")

lunes 25 de mayo de 2009

JUEGOS FATUOS

video

Clip realizado con ilustraciones de la telenovela "JUEGOS FATUOS"

lunes 18 de mayo de 2009

GIGANTE ABATIDO

El viejo árbol cayó sin que nadie escuchara su estruendoso lamento.
Su cadáver de elefante irreductible bloqueó la senda del río
convirtiéndonos en testigos de su sorda caída.

sábado 2 de mayo de 2009

CRÓNICAS DEL ARTE

Nada más entrar en la cafetería, Ella lo vio. Imposible evitar pasar a su lado. Por un momento pareció que no iba a saludarlo, pero se detuvo el tiempo indispensable para estamparles dos besos a Él y a su novia holograma.
Desde la barra, la camarera le presentaba un botellín de coca cola suponiendo que iba a ser su consumición, Ella afirmó con la cabeza esbozando una leve sonrisa de satisfacción de clienta recordada. Mientras cumplía con los trámites del servicio, su mente analizaba inquieta la situación sabiéndose expiada, ¿dónde sentarse?. Un rápido barrido sin detenerse a escrutar no le devolvió la imagen de ningún rostro conocido, así que las opciones se limitaban a dos, ocupar una mesa en solitario, o sentarse a su lado. Optó por la menos mala, la que menos declaraba sus sentimientos.
La escena hubiera debido desarrollarse en estos términos:
Ella se sentaba decidida frente a Él, directa la mirada, y sin una sola pausa le espetaba:
- No me gusta lo que haces, desconfío de tus intenciones y me siento maltratada, No te creas que me place ver como utilizas a tu supuesta novia de dos baldas, porque es evidente que no le has mostrado la realidad de tu naturaleza.
Después hubiera mirado directamente a la chica y hubiera continuado su auto lacerante monólogo:
- Y tú, búscate alguien que te quiera y que se deje querer, que seguramente te lo mereces. Disfruta tu vida. – y de nuevo se dirigía a Él – y Tú vive la propia tuya de una vez.
La escena hubiera debido desarrollarse en estos términos y sin embargo, Ella se sentó anónimamente a su lado declarando su obvia soledad, cumplió sin entusiasmo su papel de intermitente contertuliano, mientras su mente paralela observaban el temario estratégicamente abandonado sobre la mesa y las demás evidencias de que no la iba a dejar en paz. El asedio de algún modo continuaba y a Ella empezaba a darle igual aunque todavía no había perdido la sensibilidad que la acercaba a las lágrimas. Sólo durante una breve pausa de complicidad sin testigos aprovechó para un dolido y sin respuesta, ¿Y Tú de qué vas?. Él continuó su charla banal con o sin intención de un yo qué me se, hasta que se marchó con su chica antigua.
Ella los miró caminar hasta la puerta de la cafetería, izó con garbo una silla hasta depositarla en el centro de otro grupo de tertulia, saludó su entrada, y el escenario cambió.